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	<title>Oropeza &#187; Cuento</title>
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	<description>Está bien tener sombrero por si se presenta una buena ocasión para quitárselo.</description>
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		<title>Cuando contemplas el cielo&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Apr 2010 03:22:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>poetasangriento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Todos los días Karen observaba por la ventana el pasar del día. Desde que se levantaba hasta que se acostaba, no hacía más que observar las nubes pasar y los tonos del cielo pasar de rojos a azules, de azules a rojos, de rojos a negros y de negros a rojos. Había día en que no dormía, tan sólo para observar al cielo. Su familia ya no sabía que hacer, puesto que por más que intentaban darle obsequios o invitar a sus amigas, con el fin de que se quitara de una vez de la ventana, ella jamás se movía. Las únicas veces que había quitado de los ojos del cielo fue cuando, a sus 14 años, instaló un sistema de drenaje, con ayuda de su amigo Carlos, a un lado de la ventana, de manera tal que no tuviera que apartarse ni un solo segundo.</p>
<p>Todos aquellos días Karen comía lo que le daban sus padres, quienes en ocasiones dejaban de enviarle comida para ver si así podían persuadirle de salir en busca de alimento, sin embargo se sorprendían con horror al ver a su hija devorando su propio excremento. No parecía haber forma de removerla de aquel sitio y cada vez que alguien –psicólogo, familiar, amigo, vecino, etc. – le preguntaba el porqué estaba tan obsesionada con el cielo ella siempre respondía: “¿a poco no es hermoso?”</p>
<p>En una ocasión un grupo de especialistas la fue a ver y trató de obtener más información del porqué se encontraba en aquel sitio contemplando el cielo y ella parecía no ceder, hasta que después de un año de convivir con ella, al fin reveló: “Mi abuelo me dijo que siempre que siempre que me sintiera sola, o confundida, o asustada, observara el cielo y él me respondería todas mis dudas, inquietudes y siempre estaría ahí para mi…”. Los especialistas, inquietos, conversaron entre ellos unos instantes y, tras un acuerdo, le dijeron a Karen: “Pero… ¿qué duda o inquietud o miedo te mantiene observando el cielo?” Ella, decorando su rostro con una sonrisa volteó a verlos y comentó con voz serena: “¿Por qué no me contesta?”</p>
<p>Todos los días Karen observaba por la ventana el pasar del día, hasta que un día de Noviembre, a sus veinte años, se puso en pie y caminó torpemente hasta la sala de su casa, donde se encontraban sus padres. Cuando la vieron de pie rompieron en llanto, la alegría era tal que habían olvidado por completo la angustia de los últimos seis años en que ella había estado sentada frente a la ventana. Karen los observó con una enorme sonrisa hasta que por fin dijo: “El abuelo está tomando una siesta”.</p>
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		<title>Experimental: Un Feliz Cumpleaños.</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jul 2009 19:16:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>poetasangriento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>

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Sofía, joven de largos cabellos color madera que reposan en sus hombros, ojos claros cual vidrio tallado y dueña de un unos labios que se deslizan sutilmente de vez en vez; es una estudiante de preparatoria sumamente ordinaria. Su madre y padre son recuerdo de un retrato que ilustra a lo que fueran alguna vez [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>I</p>
<p>Sofía, joven de largos cabellos color madera que reposan en sus hombros, ojos claros cual vidrio tallado y dueña de un unos labios que se deslizan sutilmente de vez en vez; es una estudiante de preparatoria sumamente ordinaria. Su madre y padre son recuerdo de un retrato que ilustra a lo que fueran alguna vez aquellas sombras que viajan por negocios; su hermano, que es mayor, está todo el día trabajando, por lo que la mayor parte del tiempo disfruta de una inexistente compañía. Aún así, ella es feliz. En el colegio, al cual asiste de lunes a viernes, los chicos la buscan, las jovencitas le envidian, y los profesores y maestras la estiman; es todo un prodigio del trabajo, a pesar de que cada viernes se va de juerga y, como papá y mamá son adinerados, su retorno resulta sencillo pues un chofer va por ella en cuanto lo pide.</p>
<p>En poco tiempo se celebrará el decimoctavo cumpleaños de Sofía y, como no tiene deberes pendientes, no hay nada que le impida realizar una fiesta este sábado y, ya que hoy es miércoles, sólo quedan unos pocos días para que llegue el tan esperado evento. La planeación le hace prisionera durante horas, sin embargo eso no lastima la felicidad que la misma le crea, es más, tal es su entusiasmo con respecto a dicha fecha que ni siquiera los insistentes ruegos de Pedro parecen causarle molestia alguna.</p>
<p>Pedro es de corta estatura, rara vez es capaz de encontrar un pupitre en el que, sentado correctamente, sus pies y el suelo tengan un contacto completo; lo que más recuerda la gente del aspecto de Pedro son sus ojos oscuros cual noche y su cabello, el cual imita con su silueta a las púas extendidas de un erizo. Su madre es gentil aunque constantemente padre la golpea; ese es un tema que al muchacho no le gusta profundizar. Su hermana, Tania, es pequeña, carga en su mirar únicamente diez años y ya sueña con beber alcohol, fumar y compartir con varones una noche; no se lleva con el estudio y culpa de todos sus problemas a su padre, ya que se ausenta, bebe, fuma, goza de mujeres ajenas y desquita su ira laboral con madre frente a ellos. Pedro y Tania son muy cercanos, pero la pequeña comienza a creer que su hermano no sirve de ejemplo, ya que en la escuela nadie le habla -a excepción de una u otra persona que requiera de su ayuda- y aunque él insiste que es debido a que le respetan, su llanto nocturno canta su tormento diurno.</p>
<p>Es triste recordar lo que aconteció hace un mes, Pedro compró unas rosas y claveles, y, perfumado y con chocolates en mano, se declaró a Sofía (por quinta vez). Aquel día Pedro soportó las burlas de todos los amigos de la joven –que cabe mencionar son demasiados- y a pesar del enorme esfuerzo que hizo por no flaquear ante los puñetazos verbales, lo destruyó escuchar la respuesta de la dama que robaba sus pensamientos en la noche: “no”. Aquel día, Sofía lo buscó a la salida para agradecer los obsequios e invitarle a tomar una taza de buen café. No lo encontró. Trato de trabar conversación con él días después, pero eso no hizo diferencia alguna, por lo que con el pasar del tiempo y de diversos intentos, Sofía olvidó el gesto amable de Pedro y continuó con su vida.</p>
<p>En fin, Sofía ha estado planeando con sus amigos el desarrollo de la fiesta del sábado durante clases y descansos; será en casa de la festejada e involucrará cena y piscina.  Manuel –quien fuera amigo de Sofía desde la infancia- se encargará de llevar el equipo de sonido, mientras que Angélica y Mario –quienes fueran nominados para mejor pareja el año pasado- comprarán las bebidas. Días enteros le ha llevado a Sofía buscar el vestido perfecto para el evento y, aunque ha pasado de tienda en tienda, no ha logrado encontrar alguno que le agrade lo suficiente, por lo que ha quedado de ir hoy con Estela a una tienda en la que supuestamente encontrará la prenda correcta.</p>
<p>Pedro intentó acercarse a ambas chicas mientras planeaban su salida de esta tarde, pero todo resultó un enorme fracaso, por lo que se le ha visto sentado en su banca esperando a que la chicharra le permita ser libre de su prisión de amor y que, a su vez, puede dirigirse al cine más cercano con el único fin de distraer su mente de la belleza absoluta –para él, claro- y buscar inspiración en el ocio, ya que la tarea que carga para el día es nula. El tictac del reloj consume su esperanza al mismo tiempo que en su rostro se dibuja una sombra que le recuerda una realidad, “esta solo y ella no lo quiere”.</p>
<p>Las últimas clases transcurrieron lentamente y, cuando por fin llegó la hora, Tomó del brazo a Estela y la apresuró para que no hubiese demasiada gente en la tienda cuando llegaran. Al llegar quedó impresionada por la variedad de vestidos que ahí había, por lo que se encaminó a la primera sección del establecimiento y comenzó a seleccionar vestidos, a la vez que Estela le da más vestidos a probar. El gerente se limita a observar la escena con una sonrisa en su boca. Sofía sale de uno de los vestidores con un vestido que lleva la espalda completamente descubierta, un escote bastante pronunciado y el largo del mismo le acaricia con esfuerzo las rodillas. Con un gesto alegre mueve lentamente sus brazos por todos los rincones del vestido mientras se observa en el espejo, mientras Estela hace gestos de aprobación que confirman la compra de tan bello diseño.</p>
<p>II</p>
<p>El tan esperado sábado ha llegado y aunque el evento es en la noche, Sofía se levantó temprano con el fin de que todo transcurra sin errores. Sofía se dirigió a la estética, de ahí pasará al restaurante y aunque Padre y Madre siguen de viaje, es su hermano quien come con ella en el lugar elegido por la joven. Javier –el hermano de Sofía- le ha regalado un perfume y un libro que tiene por nombre “<em>Spring’s Awakening</em>”, los cuales aceptó con una sonrisa, un abrazo y un enorme trago entusiasta a la limonada que hacia unos instantes una mesera había colocada en frente suyo.</p>
<p>Pedro está en casa mientras Sofía come. Ayer, cuando Estela y Sofía enviaron las invitaciones, la amiga de la festejada decidió, por cuenta propia, invitar al joven Pedro, quien tras encontrar sospechosa la invitación titubeó al respecto. Cabe mencionar que Estela siempre ha sido buena con él, cuando le pidió a Sofía que fuese su novia –su primer intento- fue ella quien le ayudó, no importando que su hermano mayor le hiciera la proposición a Sofía poco antes que Pedro. Sebastián –hermano de Estela- no logró convencer a la ahora festejada. Pedro vacilaba mientras estos recuerdos viajaban por su mente hasta que por fin suspiró: “iré”.</p>
<p>Las ocho se anuncian con un timbre monofónico proveniente del reloj de pulsera de Sofía, -por fin ha llegado la hora, ojala no tarden demasiado… ¡Ay Jorge, no tardes!- canta mientras termina de arreglarse frente al espejo de su baño. A su vez, Pedro se está terminando de vestir, todos sus ahorros se transformaron en un par de pendientes que compró en el momento mismo que recibió la invitación de Estela a la fiesta de Sofía. Lentamente abrocha su pantalón, asegura el broche y se agacha con el fin de colocarse el calzado, lo cual logra en un par de movimientos. Ya no quedan más prendas que ponerse, por lo que se dirige al baño con el propósito de peinarse, colocando un poco de gel en su cabello, el cual está húmedo por el baño previo. Una vez listo, colocó el regalo bajo su brazo y sujetó la maleta pequeña- que contenía su traje de baño y toallas- con el otro.</p>
<p>Los invitados llegan poco a poco, Armando, Lucía, Graciela, Estela y Jorge han sido los primeros en llegar, así como los amigos inseparables de éste último, Gustavo e Ismael. Sofía sonríe al ver que las cosas salen como fueron planeadas, a pesar de que aún faltan algunos invitados y que la cena aún no se sirve. Pedro entró triunfante por la puerta principal con regalo en mano y Sofía, al darse cuenta, corre hacia él y le recibe con una esbelta sonrisa, -¡qué bien que vinieras- le dijo la jovencita, acentuando con sus palabras el brillo celestial de sus labios. -¿en….serio?-, -sí, Estela me dijo que vendrías… por cierto, quería agradecerte por los gestos lindos que has tenido conmigo&#8230; oye, tengo que ir a recibir a más gente, toma asiento… espero  te lo pases bien…-, -lo haré… gracias-.</p>
<p>Después de lo que a muchos pareció una eternidad, la cena fue servida a los presentes, a lo que Pedro responde devorando cada platillo que le es servido y bebiendo y riendo como si no hubiera un mañana. “Ahora sí… de seguro me hará su novio… ahora sí…” se decía a sí mismo mientras buscaba el baño. El agua moja las manos de Pedro, cuando en un instante un pensamiento le hace alejar las manos del chorro descendente y aproximar la misma hacia su entrepierna, donde comienza a frotar, “… en la parte de arriba hay una zona que es muy solitaria… quizá ahí….cuando ella ya sea mi novia… pasemos de los besos…sí… ya no puedo esperar más…”</p>
<p>Cuando Pedro regresó al lugar donde se estaba llevando a cabo la cena, se percató de que Estela y Sofía ya no se encontraban ahí, por lo que infirió que se habían retirado con la intención de ir a la piscina, idea que se vio confirmada por el sonido de agua siendo arrojada desde el interior de la alberca y unas risas que solo podían pertenecerles a ellas. Pedro se levanta de su asiento sin ademanes muy llamativos y decide echar un vistazo, lo cual lo lleva a observar una escena que lo deja perplejo: la festejada, ya bajo los efectos del alcohol, juega con Jorge, quien no realiza pausa alguna entre caricia y caricia; Estela se encuentra platicando con otras personas, lo que le permite a Sofía disfrutar del momento sin interrupciones. Tras la escena, Pedro busca su maleta y se dirige a los vestidores, donde velozmente se desviste. Acto seguido, apresura el paso hacia la piscina, donde encuentra la fiesta pero no a Sofía.</p>
<p>Los labios se abrazan con ternura mientras las lenguas se visten de exploradoras y se aventuran en la cueva que ellas más ansiaban indagar. Él, mano derecha en la cintura de la joven y la izquierda en el glúteo derecho de la misma; ella, brazos rodeando el cuello del muchacho; ambos, perdidos entre las sombras de los cuartos que se encuentran en el piso superior del lugar. Nadie había notado su desaparición de la fiesta ni su presencia en aquel remoto lugar, salvo Pedro, quien tras casi veinte minutos de búsqueda se ha topado con los dos amantes y, a causa del shock, se encuentra paralizado y con los ojos diluidos en agua salada. Del pecho de Pedro no sale ni un sonido.</p>
<p>La música evita que los dos jóvenes se alerten de la presencia del ahora intruso, lo que permite que la mano derecha de Jorge escale lentamente hacia la parte frontal de la sección superior del bañador; a su vez, la mano izquierda se aventura aún más en aquella zona que aparenta pertenecer a un territorio explorado con anterioridad. Pedro está inmóvil, para él la música de fondo se ha desvanecido y no escucha ni siente nada, salvo el golpeteo pausado de un martillo que se precipita contra su pecho.</p>
<p>III</p>
<p>Han pasado aproximadamente dos minutos que a Pedro le han parecido eternos, su pie lleva temblando alrededor de un minuto y se dispone a desplazarse con el fin de abandonar, de una vez por todas, el lugar donde se encuentra y poder dirigirse a algún otro sitio donde no se vea atormentado por aquella imagen. Comienza a correr sin rumbo fijo, como si la escena presenciada le persiguiera a donde quiera que vaya. Cuando al fin se detienen sus pies, descubre, al abrir sus ojos, que se encuentra en la cocina de la casa, donde, para su sorpresa, también se encuentra Estela. Ella se encontraba buscando provisiones para la fiesta cuando Pedro entró corriendo, y ya que éste se encuentra agitado ella no duda en proveerle de una cerveza y aproximarle una silla. Pedro observa a Estela y se da cuenta de que el bañador de la joven no está bien colocado, lo que provoca que se olvide, ligeramente, de lo que acaba de observar.  – ¿Qué tienes?, –Nada… no es nada… oye… Estela… creo que tu traje está un poco…-, -¿No te gusta?-, -no, no es eso, se te ve muy bien, pero… no crees que deberías… ¿no tienes frío?-, -Un poco, ¿por qué?&#8230;-, -no sé… no quieres otra cerveza, a lo mejor así entras en calor… y quizá podrías quitarte el traje ya que como está mojado te da más frío…”, “sabes… no es tan mala idea…”. Pedro se dirige al refrigerador mientras Estela se sienta en una de las sillas que encuentra en su camino. Estela, ya sentada, espera a que Pedro le haga entrega de la cerveza, misma que llega en forma de un abrazo inesperado, “¡oye!&#8230; no hagas eso… no… nos van a ver”, suspira ella mientras el joven imita a la pareja que viera hacia unos instantes.</p>
<p>El traje de baño de Estela se encuentra en el suelo, mientras el cuerpo se está en posesión de Pedro, un Pedro que no aparta de su mente la imagen de Sofía y de sus manos los senos de la joven que hacía poco le había ofrecido un asiento. La escena no parece interrumpirse y la joven ha dejado de forcejear, sin embargo, el alcohol a dejado indefensa e inútil a la joven, por lo cual Pedro la abandona en la cocina y se coloca una vez más su bañador, decidido a culminar con el plan que ha desarrollado mientras se encontraba con Estela. Se dirige sereno a una gaveta de la cual extrae un cuchillo para carne, el cual envuelve en el traje de Estela, quien no se percata aún de su estado actual.</p>
<p>Pedro abandona el lugar y se dirige a aquella zona donde viera a los dos amantes, mismos que no han abandonado el sitio y que ahora presentan tantas prendas como Estela en la cocina. Jorge succiona hasta la última gota de pasión que libera Sofía mientras Pedro les observa desde aquel mismo muro en el cual se quedó petrificado, sin embargo, ahora comienza a avanzar en dirección a aquellos que, sordos, dan luz verde a su sexualidad. Un pie invita al siguiente a adelantarse, cada sórdido gemido que emite la pareja empata su sonido con el eco producido por los pies de Pedro, quien ha extraído el cuchillo del traje de Estela. El pecho del joven no emite sonido alguno mientras se aproxima a la pareja, la cual no se ha percatado aún de la presencia del mismo, “Hola Sofía…”, la joven abre sus ojos y observa a Pedro frente a ella, “Adiós Jorge”.</p>
<p>IV</p>
<p>En poco tiempo se celebrara el decimonoveno cumpleaños de Sofía, la psicóloga que ve dos veces a la semana la alienta a realizar una fiesta, sin embargo la joven se rehúsa a la idea “ya que debería buscar quien cuide de mi hijo y… quedé con Estela en visitar a Jorge”.</p>
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		<title>Amanecer de un Grano de Arena</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Jan 2009 03:25:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>poetasangriento</dc:creator>
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<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Observaba el fluir de la arena del reloj mientras en el exterior se oía el estrepitoso caer de la lluvia. Eran las seis de la mañana y la habitación seguía oscura, había que ir a la escuela, aunque esa era su menor preocupación ya que odiaba la monotonía de la misma, -recuerdo cuando despertar no me costaba; cuando sonreír era sencillo, ¿qué me has hecho tiempo? ¿Por qué has cambiado los colores por negro? Congélate arena, ya no trabajes más, quedémonos aquí….aquí… ahora…- se decía a sí sin despegar la mirada del reloj. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt"><span lang="ES-MX">Seguía en su contemplación cuando, de súbito, un sonido inundó su cuarto forzándole a desplazarse, toscamente, al otro lado de la cama en un desesperado intento por extinguir la fuente del sonido. Luchaba contra el mar de cobijas cuando su madre irrumpió en la habitación oscura. La señora tenía puesto un vestido viejo que fungía de camisón, y una caja multicolor que se posaba en la mano que no estaba apoyada en la perilla de la puerta, -¡Felicidades! Que cumplas muchos años más… y todo eso… apúrate que se hace tarde…-, decía mientras movía el interruptor de la luz y dejaba el obsequio en la cama, -ya voy madre, ¿qué ni siquiera en mi cumpleaños hay piedad?- le contestó cuando su madre se disponía a abandonar la parcialmente iluminada habitación.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><span>            </span>Con pereza se incorporó y se dispuso a desvestirse cuando sus ojos cruzaron camino con el reloj de arena, -¡qué envidia! Tú que te mueves en tu quietud; que me recuerdas que el tiempo pasa, quisiera ser uno de tus granos caídos para ser del tiempo olvido y poder descansar… se hace tarde, comienza el día-, se dijo y comenzó a despojarse de sus prendas. Retiraba de sí el pijama que le regalaron el año anterior en esa misma fecha; deslizaba su ropa interior lentamente, como si esperara que el reloj hiciera algún comentario y, cobrando vida, le retirara el resto de la misma. Una vez desnuda se observó en el enorme espejo reposaba entre la puerta y el ropero, éste estaba decorado con fotografías de gente que había muerto recientemente, hombres y mujeres con peinados estrafalarios y sólo una que otra era suya; el acabado en la madera del marco remontaba a tiempos de caballeros ruines y dragones imperantes. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><span>            </span>-¡Cómo ha pasado el tiempo! Recuerdo cuando sólo era una pequeña, lo único que me diferenciaba de los niños era la grieta de mi entrepierna…- decía mientras contemplaba su cuerpo, -luego vinieron los cambios… recuerdo que a mis dieciséis años el profesor Ervert me enseñó la razón de mis cambios… maldito infeliz- dirigió su mirada al ropero y comenzó a hurgar en él, hasta que en un descuido su vista se encontró con aquel paquete que dejara su madre en la cama. Levantó aquella decorada caja y leyó la nota que colgaba del mismo, la nota leía:<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center" align="center"><em><span lang="ES-MX">¡Felicidades hija! A tu padre le hubiera encantado ver lo hermosa que eres.<o:p></o:p></span></em></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center" align="center"><em><span lang="ES-MX">Tu madre.<o:p></o:p></span></em></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><span>            </span>-¡¿Me cree estúpida?!-, arrojó la nota al suelo y se dio a la tarea de abrir el paquete. Del cual extrajo un vestido negro con encajes y decidió probárselo antes de salir con rumbo a la prisión de la ignorancia que su madre denominaba escuela. Tardó un poco en colocarse el vestido, ya que primero se encargo de seleccionar la ropa interior que combinara con el mismo, y, una vez que estuvo lista, se encontró con su imagen en el espejo, -¡Qué bello reflejo de la noche! Hace de mi silueta maldita la imagen misma de <st1:personname productid="la Luna" w:st="on">la  Luna</st1:personname>…- dijo y distrajo su mirada con aquel reloj de arena que no cesaba su labor.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><span>            </span>-¡Detente! ¡¿Qué no ves tu marca en mi rostro?! ¡Deja ya de presumirme que no cambias, deja ya de reírte de mis pliegues! ¡¿Qué no ves que soy hermosa?!&#8230; Los chicos no me hablan, pero me desean… las chicas no me dirigen la palabra, pero me envidian…¡soy sueño que se aplaude por las masas, mas no verso comprendido por los libros!&#8230;sé que soy efímera en vida…mientras que tú, ¡sí, tú!, eres por siempre granos… soy flor que con grietas vago… soy bella… ¿lo soy?&#8230; Ya no quiero crecer…- sus piernas flaquearon y, al caer, rompió en un llanto mudo y quieto, las lágrimas fluían cual río desbordado por su rostro. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><span>            </span>Después de un rato el agua dejó de escapar de sus ojos a la vez que incorporaba su cuerpo. Guió sus pasos hacia la ventana única de la habitación, como si en esta encontrara la respuesta a sus dudas eternas; observó como el sol luchaba contra las nubes en un intento desesperado por brillar; contempló también el caer de la lluvia y, con esta, el de su esperanza y la escasa alegría que aún habitaba en ella. De su rostro escapó una lágrima y comenzó a retroceder sus paso, -es tiempo de dejar de crecer-, dijo y corrió de frente.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><span>            </span>Su madre estaba en la cocina, por lo que no escuchó el ruido del vidrio al colapsarse. La lluvia se precipitaba sobre el cuerpo destrozado de la joven que había caído quince pisos. El último grano de arena del reloj se encontró con sus hermanos.<span>  </span><o:p></o:p></span></p>
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		<title>Viaje de Ida</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Nov 2007 00:31:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>poetasangriento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;De Olvido vive, de olvido muere, como planta en jardín olvidado&#8230;&#8221; Mägo de Oz
Nadie pudo olvidar el gris del cielo, aquel tétrico tono que contrarrestaba la felicidad superficial que inundaba el ambiente de aquel camión que avanzaba tímido por la carretera. En él, treinta pasajeros dormían, reían, comían, convivían, todos, menos uno.
Se recuerdan todos sentados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;De Olvido vive, de olvido muere, como planta en jardín olvidado&#8230;&#8221; Mägo de Oz</p>
<p>Nadie pudo olvidar el gris del cielo, aquel tétrico tono que contrarrestaba la felicidad superficial que inundaba el ambiente de aquel camión que avanzaba tímido por la carretera. En él, treinta pasajeros dormían, reían, comían, convivían, todos, menos uno.</p>
<p>Se recuerdan todos sentados en cómodos asientos grises, un tanto gastados, aparentemente reclinables -pues apenas se movían-, cercanos a un pasillo angosto, enjaulados por rígidas ventanas. De entre todos destacaba ese uno, un joven que yacía mudo; su única actividad era observar el paisaje entre suspiros. No alejaba los ojos de aquel cuadro móvil, como si aquella imagen le resultara hipnotizante o seductiva.</p>
<p>Jamás se olvidara como su vestimenta lo hacía lucir más insignificante, más pequeño, más abandonado, más mudo, tieso, cual muerto en cementerio.</p>
<p>Al fondo del camión se encontraba una jovencita, quien era alegre, de sonrisa insistente y de ojos iluminados, con un tierno aroma a mañana y movimientos sensuales y bellos. Estaba acompañada por un ser que aparentaba encontrarse en un estado igual de alegría. A pesar de que su mirada era igual de insistente que aquella luz que surgía de los labios de la chica, no era igual de joven. Las carcajadas se disparaban a diestra y siniestra, eran audibles incluso para los que fingíanse sordos. El mundo se hacia inexistente mientras la gravedad lentamente perdía su fuerza cada vez que aquellos dos cruzaban y entrelazaban sus miradas.</p>
<p>Las lágrimas secas, de el que he estado nombrando &#8220;mudo&#8221;, se reflejaban en el llover del día, en aquellas gotas frías que se aferraban al parabrisas, a las ventanas y a las vacías pupilas del joven inerte.</p>
<p>Al cabo de un par de horas, Mudo abandonó su rigidez y desplomó los brazos, que se encontraban cruzados,  sobre su regazo, posando, al mismo tiempo, su rostro sobre el frío y suave vidrio que conservaba aún conservaba el olor de la ciudad.</p>
<p>Ella seguía sumida en su fantasía, hundida en la mirada de su acompañante y drogada por las palabras que éste pronunciaba ininterrumpidamente. Por azar del destino, el sujeto mencionó, aún no se sabe si en broma, a mudo y ella, en un esfuerzo de contener un grito, se lanzó hacia atrás. El nombre pronunciado por aquellos labios aparentaba un rudo portazo. Él, un tanto sorprendido, reaccionó a la actitud de la joven con un suspiro, seguido de la desaparición inmediata de su sonrisa, que hasta ese momento, había cautivado a los curiosos. -¿Por qué no lo acompañas? Se ve apagado, vacío, triste&#8230; ¿por qué me prefieres?-. Estupefacta, contempló a aquel hombre en silencio, con pena en las mejillas y confusa culpa en la mirada. No respondió. Se limitó a levantarse del asiento que había ocupado por largo tiempo y echó a andar sobre el estrecho pasillo. Sus pasos eran lentos, pensativos, casi cobardes; las miradas fijas sobre su persona la hacían titubear y en repetidas ocasiones, sentir las ganas de correr hacia donde se dirigía o de vuelta con el hombre que ahora formaba parte de la audiencia; el frío parecía consumir sus fuerzas cual fuego a la leña.</p>
<p>Una vez que la bella joven alcanzo el lugar mudo, comenzó, -Oye&#8230;¿Hay lugar para alguien más?-. Él no movió ni un sólo músculo, se limitaba a contemplar el caer de la lluvia, el tronar del cielo, el rugir del viento,  el reír del mundo. Ella, temerosa, tomó asiento a su lado y lo acompañó el resto del viaje, también en silencio.</p>
<p>Nadie pudo olvidar el gris del cielo, aquel tétrico tono que contrarrestaba la felicidad superficial que inundaba aquel camión que avanzaba tímido por la carretera; la gargolés de mudo, las lágrimas de ella. Después de ese día se creó un agujero en la tormenta y a la tierra, un hueco menos.</p>
<p>Poeta Sangriento</p>
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		<title>El Poema del Rey</title>
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		<pubDate>Mon, 28 May 2007 22:45:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>poetasangriento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[Los negros pensamientos se refugiaban en las botas negras del poeta que yacía sobre la pequeña silla que estaba delante la mesa redonda. Era un día de esos en los que nada puede salir mal, claro que eso sólo para la gente ordinaria, pues con sus túnicas verdes, pequeñas y roídas vagan sin rumbo por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span lang="ES-MX">Los negros pensamientos se refugiaban en las botas negras del poeta que yacía sobre la pequeña silla que estaba delante la mesa redonda. Era un día de esos en los que nada puede salir mal, claro que eso sólo para la gente ordinaria, pues con sus túnicas verdes, pequeñas y roídas vagan sin rumbo por los extensos terrenos del reino en el que viven. El poeta antes mencionado vestía tan sólo un pijama blanco, con un pequeño gorro que con esfuerzos cubría la mitad de la cabeza del pobre hombre. El sujeto estaba desesperado, ya se había levantado y sentado tantas veces que incluso me resultan innumerables, pero supongo que es parte de quedar mareado ante tanta desesperación. El pobre poeta buscaba tan sólo una delicada palabra para concluir el verso del poema que había creado para su humilde rey que amenazaba con degollarlo si ese poema resultaba ser un fiasco. Así siguió el pobre poeta, dando vueltas, demostrando con su esbelto cuerpo los días enteros que llevaba sin comer debido a su intensa labor de crear el poema perfecto. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Las ideas se le escapaban, las perseguía por el extenso corredor que llevaba a una amplia sala llena de estatuas grises de los ancestros del rey o figuras enormes recaudadas a lo largo y ancho del planeta tan solo para estar ahí paradas creando sombras negras que ocultaban las marcas de las matanzas que fueron necesarias para obtenerlas. Mientras este pobre residuo de poeta intentaba alcanzar las ideas ligeras que fluían a través del viento frío por los oscuros rincones del castillo el tiempo avanzaba velozmente, no había vuelta atrás, era hora de comenzar a pensar, encerrado en su habitación. Así volvemos a aquel cuarto donde este pequeño relato dio inicio, volvemos al lugar donde el intento de ser humano, al que llamamos poeta, viste su pijama blanco y cavila sentado en su silla y que posee unas botas duras y apretadas de color negro que sirven para no dejar escapar las ideas que yacen por los suelos. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Quedaba poco tiempo para que el generoso rey solicitara su poema, el poeta estaba buscando por los rincones de su habitación, incluso fue removiéndose las ideas de la cabeza con las yemas de sus dedos sin lograr avance alguno. Fue cuando el<span>  </span>amorfo cerebro del poeta empezó a dejar de funcionar que su corazón tomó cartas en el asunto, ese corazón tan rojo, rodeado de tanta oscuridad (para los que no saben mucho de anatomía, está dentro de nuestro cuerpo a la altura del pecho) había decidido darle una pista a lo que quedaba del poeta, &#8211; serénate un momento, piénsalo bien, la palabra que buscas es la palabra que el rey nunca ha sentido, no me refiero a la piedad o a la compasión, me refiero a ese sentimiento que sólo surge en aquellos que ven en los demás o en la naturaleza la verdadera belleza-, sorprendido por lo que dijo su corazón, pequeño y rojo, se puso a pensar y descubrió, después de un tiempo, que la palabra no era nada complicada, pero a la vez era muy profunda, la palabra que buscaba, era amor.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El poeta entregó su poema al rey justo a tiempo, el rey se sintió alegre por la noticia y lo leyó en voz alta, admirando el trabajando tan espléndido que fue realizado, el poeta fue venerado como el mejor poeta de la historia, aunque su historia sólo la cuento yo, que soy su asesor personal. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Nadie nunca supo el contenido del poema pues el rey lo enterró junto a su esposa, quien murió dos semanas después por una riña con el rey.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Pero, ¿cómo se yo tanto de este débil poeta que se encontró bajo las garras de este rey?, sencillo, aquel poeta soy yo.<o:p></o:p></span></p>
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		<title>Un día&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 21 May 2007 00:31:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>poetasangriento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[Cualesquiera que fueran sus motivos, cualesquiera que fueran sus razones, él ya estaba ahí, tendido sobre la cama, tendido sobre un río de sangre que provenía de un cuchillo que acariciaba su corazón con su afilada chuchilla.
 Era martes, él paseaba por las instalaciones de su escuela, era de mañana y faltaba poco para que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="left">Cualesquiera que fueran sus motivos, cualesquiera que fueran sus razones, él ya estaba ahí, tendido sobre la cama, tendido sobre un río de sangre que provenía de un cuchillo que acariciaba su corazón con su afilada chuchilla.</p>
<p align="left"> Era martes, él paseaba por las instalaciones de su escuela, era de mañana y faltaba poco para que el sonar de la chicharra indicara el final de aquel sueño que el denominaba descanso. Ella lo seguía a todas partes, le hacía reír, le hacía pensar, le acompañaba arriba, le acompañaba abajo, exceptuando aquellas pocas ocasiones en las que se dedicaba a realizar deberes atrasados o que debía buscar algún maestro y pedirle un algo o un todo, hablando de calificaciones, claro.</p>
<p align="left">El día transcurría de la manera más natural, él entraba en el aula, escuchaba las clases, anotaba los apuntes necesarios, los innecesarios también, platicaba con alguno de sus maestros, salía del aula, iba en busca de ella y la acompañaba, hasta que fuese hora de regresar a la rutina o que fuese hora de culminar con las clases.</p>
<p align="left">Aquel martes era un día nublado, la lluvia parecía próxima y la angustia por las materias era ya casi mínima, y en caso de él o de ella, no había mucha diferencia, disfrutaban estar juntos, pero ya querían marcharse, huir de aquella prisión de concreto, aunque eso significara darle la espalda a todo aquello que los hacía alegrar o enojar, según el caso.</p>
<p align="left">La chicharra marcó la hora de salir, él se apresuró para encontrarse con ella, pero ella ya estaba lista, esperándole, con aquella sonrisa que le cautibaba. Llevaba ya bastante tiempo su amistosa relación, él la había conocido un día en el que ella no pensaba conocerlo a él.</p>
<p align="left"> Ella no pensaba mucho en él, sus prioridades eran otras, de hecho, no se le había ocurrido que él quería más de ella, o que alguien deseaba algo más, la verdad era algo compleja.  Ella buscaba muchas cosas para su vida, ¿lujos?, no, sólo deseos, sueños e ilusiones. Él sólo deseaba, no sabía a quién o qué, sólo deseaba, soñaba, pensaba.</p>
<p align="left">Aquel martes habían quedado de salir juntos a alguna parte, ella estaba feliz por el lugar al que irían, él estaba feliz porque iría con ella a algún lugar. El camino era un camino como cualquiera, de hecho era el camino que él cogía frecuentemente, la plática, era una plática como cualquiera, de hecho, era una plática que ya conocían mucho ambos, de igual forma platicaban.</p>
<p align="left">Entraron al lugar, era un inmenso lugar, dónde llegaron a sentarse y contemplar a gente hablar y moverse, todo detrás de una pantalla tan acomplejadamente grande, tan bizarramente colorida, tan&#8230;</p>
<p align="left">Ellos estaban sentados, él no sabía si debía voltear a ver aquella enorme pantalla o seguir contemplando aquella pieza de artesanía, tan bella, que el mundo entero sentiría envidia de ver a aquel hombre con aquella mujer, con aquella joya.</p>
<p align="left">Ella seguía impresionada con aquel juego de colores, formas y palabras que asimilaban un extraño licuado insaboro, pensando sólo en eso, hasta que en un momento de distracción, pensó en aquel que la acompañaba, pensó en aquel sujeto que siempre le acompañaba, en aquel sujeto que siempre estaba ahí. Ella volteó su mirada y su atención a él, él no podía dejar de verla hasta que se percató de que lo habían descubierto.  Se miraron fijamente, sólo estaban ellos dos, ella en frente de él, él en frente de ella, las miradas ya no querían trabajar y sus ojos se cerraron, sus cuerpos levitaron gentilmente cual imanes y cuando al fin hubo el primer contacto, el cuerpo y la mente dejaron trabajar al corazón y a la pasión.</p>
<p align="left">La gigantezca pantalla se tornó en negro y unos pequeños letreros blancos empezaron a surgir, los dos se desprendieron y decidieron acompañar a las personas hasta la salida, ya era un poco tarde cuando salieron de este lugar.</p>
<p align="left">-No&#8230; debí&#8230;-. Ella dijo firme, encogida de hombros oculta su mirada de la mirada de él, él no sabía que hacer, sus pasos se habían detenido, juraba que su corazón también, siguieron su camino, hasta que tuvieron que separarse.</p>
<p align="left">Él, cavisbajo, siguió su andar, llegó a una construcción que el atrevidamente denominaba suya, se adentró en la misma y no detuvo su camino sino hasta que llegó a un lugar donde objetos filosos abundaban, cogió uno, luego un extrño alimento blanco y cremoso, y se encaminó a un aula en la cual reposó su cuerpo sobre un algo inherte y suave.</p>
<p align="left">Cavilaba, veía la imágen una y otra y otra vez, aquel rostro, aquella textura, aquel sabor&#8230; -¿por qué?.</p>
<p align="left">Un sonido asesinó al silencio que predominaba en aquel lugar, él se perturbó un poco, pero se logró levantar e inció la búsqueda de aquel extraño artefacto sonoro. Al encontrarlo lo tomó, colocó su índice en una de las teclas y comenzó una conversación con una voz amiga&#8230; la de ella. -¿Hola?-, -hola, soy yo&#8230; sólo quería pedirte que no le dijeras a nadie sobre lo sucedido y qu elo mejor sería que lo olvidáramos-, -pero&#8230;-, &#8211; bueno, sólo era para eso, nos vemos, descansa&#8230;-.</p>
<p align="left">Se le resvaló el artefacto de las manos, estaba nervioso, no entendía nada. -¿Olvidarlo?, ¿por qué?, ¿qué hice mal?-. Las dudas revoloteaban en su cabeza, el estomago le daba vueltas por igual y el corazón latía con una fuerza muy intensa, era tal el golpeteo que él sólo encontró una forma de detener el latir del mismo, cogió su mano y le pegó un estrepitado golpe&#8230; de su mano no había retirado el filoso artefacto.</p>
<p align="left">Al día siguiente, ella lloraba, pero el día era un día muy soleado.</p>
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		<title>Don Miguel Longevo</title>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2007 03:03:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>poetasangriento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[Minutos de Longevo
Por El Poeta Sangriento
El tiempo transcurre lentamente, pero lo hace con aún más pereza cuando esperas algún evento, algún momento o cuando es un instante de completa aburrición, aunque una hora sigue siendo una hora y un minuto sigue siendo minuto no importando cuan largo le parezco a uno.De igual modo el tiempo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center">Minutos de Longevo</p>
<p align="center">Por El Poeta Sangriento</p>
<p>El tiempo transcurre lentamente, pero lo hace con aún más pereza cuando esperas algún evento, algún momento o cuando es un instante de completa aburrición, aunque una hora sigue siendo una hora y un minuto sigue siendo minuto no importando cuan largo le parezco a uno.De igual modo el tiempo puede encontrarse con un acelerado ritmo que marcará la llegada de tú fin antes de que para ti siquiera sea esperado, es decir, cuando uno disfruta algo el tiempo deja de ser eterno para convertirse en un instante, y en sólo eso. Este es el tiempo en sí, un tiempo que todos los que estamos vivos compartimos por igual, para todos una hora es una hora, al igual que un minuto es un minuto, cada instante es un instante nuevo, que aunque estés dentro de una rutina jamás se parecerá al anterior ya que el anterior segundo es un segundo pasado.</p>
<p>Pero así como hay pasado, hay presente y probablemente un  futuro, aunque, si no me creen, deberían preguntarle a Don Miguel Longevo, quien a sus ciento tres años aún sigue vivo y con su salud intacta y en buen estado, él ha visto pasar la vida muy cerca de sus ojos, el pasado lo tiene muy presente, el puede ver el presente con mucha más claridad, pues sabe el por qué de que las cosas sean como son, pero es el futuro lo que mas le preocupa a este señor.</p>
<p>-¡Oh!, el futuro, el impredecible futuro, el futuro que nadie puede saber pero que todos quieren conocer, se preparan arduamente para recibirte de frente aunque saben nada de ti… -, Don Miguel contemplaba con una frívola mirada la cálida llama de la chimenea, era invierno, el frío se había apoderado de los nervios de la gente, de sus sentimientos e incluso de sus pensamientos, la gente iba y venía buscando cobijo, buscando refugio, buscando alguna fuente de calor, toda la gente menos Don Miguel, el seguía ahí sentado, pensando al calor de la flama que lentamente se extinguía junto con el leño seco que la alimentaba. – ¡Oh tiempo!, ¿qué has hecho con nosotros los hombres?, ¿por qué peleamos todos por un poco de ti?, ¿qué te hace tan importante si yo te he conocido a lo largo de los años y nunca he necesitado un poco más de ti?-, La flama de la chimenea se había extinguido casi por completo, en los ojos de Don Miguel se alcanzaba a ver como una lágrima escapaba, cual niño que comete una travesura y no quiere ser descubierto por nadie, &#8211; Tiempo… pasado… futuro… presente… todos mueren…¡Patrañas!, yo no he muerto aún, todos creen que debería morir ya, pero no, heme aquí, sentado, frente a una absurda chimenea que desprende un absurdo fuego que absurdamente calienta las absurdas manos de un viejo-. El invierno era crudo, todos los hombres habían visitado, al menos en una ocasión, a algún doctor, todos menos Don Miguel, quien seguía sentado en su silla frente a la flama opaca de la chimenea,  llevaba ya días enteros ahí sentado, frente a aquella flama, aquella triste flama que perdía la vida como enfermo terminal en un hospital de vaga sanidad; ni un bocado había atravesado los labios de aquel pobre hombre, ni una sola gota de agua había siquiera insistido en tentar al hombre para que éste la cogiera y se la tragara con el gusto mismo de los hombres pobres que yacen hambrientos en las calles.</p>
<p>Esbelto, alto, encorvado, con la mirada fija en la flama y unas lágrimas de cólera congeladas en el tiempo, esto era lo que quedaba de aquel ilustre hombre que fuese alguna vez Don Longevo, de aquel ilustre joven que demostrara en su tiempo no sólo ser atlético y brillante en las materias del colegio, sino entusiasta, romántico y apuesto. De este hombre que fuese alguna vez sólo quedaba el recuerdo, una imagen en un fólder, un documento en un archivero, sólo eso, el pasado era el pasado, nadie podía volver a aquel tiempo ya, era un tiempo que no volvería a pasearse por los corredores de aquella casa perdida en el centro de la ciudad, que no volvería a ver morir a sus seres queridos, que no volvería a llorar por aquella primera ingrata, que no volvería a implorar por aquellos sueños que parecían distantes, que no volvería a cursar por la escuela, que no volvería a ver a su esposa huir con el amante, que no volvería a recordar, era un tiempo que no volvería a decirse presente, aunque el presente sea algo que siempre culmina en pasado.</p>
<p>-Pasado, al mismo tiempo que la vida, te alejas de mí cada segundo, me haces cada vez más a un lado, me muestras que el presente es fruto de ti, que no estaría aquí si no hubiera habido un tú… pero qué eres tú si no puedo verte, sentirte, escucharte… ¿por qué, si eres tan importante, te alejas de este viejo que yace aquí sentado frente a una chimenea que poco a poco se extingue igual que el tiempo de la vida?&#8230; o, ¿será acaso que la vida no se extingue como es mi caso?&#8230; ¿por qué me dejas vivir?&#8230;.¿será porque eres pasado y sólo eso?- Don Miguel seguía ahí sentado, cavilando de la vida, frente a esa chimenea que lo había visto crecer durante tantos años, pero pocos para los que el Don llevaba en el mundo de los vivos, ahí seguía, llorando los recuerdos perdidos, cuál avaro que pierde la joya más preciada de su vida, ahí seguía, lamentando los errores de su vida, cual drogadicto rehabilitado recordando su adicta historia, ahí seguía, solamente recordando.</p>
<p>-…Todo lo que tiene un inicio debe de tener fin, todo lo que vive muere, la flama encendida al poco rato se extingue, la brillante mañana de alegría incandescente se extingue con el frío de la desolada y  oscura noche… ¿cuándo llegará el fin de mi historia?- Don Longevo se levantó precipitadamente, como si hubiese recordado algo importante, pero al poco rato se sentó de nuevo en aquella misma silla frente a aquella misma chimenea, sólo que ahora una idea más le rondaba en la cabeza, -no he comido… ni he bebido… &#8211; sujetaba su barbilla cual científico en pleno descubrimiento, -llevo días sin tomar trago alguno, sin probar bocado alguno y sigo aquí… llevo días lamentando, llevo días sin consuelo y sigo aquí… ¿será que mi deber no es el morir?-. Se levantó de su asiento, el cuerpo no le pesaba, el frío del crudo invierno que se vivía no le hacía efecto alguno, sus pantuflas yacían lejos de sus pies aunque éste, con una excelsa demostración de juventud corporal, se las colocó velozmente y sin problemas. Encaminóse pues hacia su habitación, el fuego de la chimenea misteriosamente ardía aún con la ausencia del leño que solía alimentarlo constantemente desde hacía ya varias lunas, Don Longevo iba sin prisa en esa misma dirección, a cada paso que daba una idea mas le alcanzaba el pensamiento, cada idea nueva era un descubrimiento y cada tropiezo de sus nada torpes pies significaba un error más en sus teorías, &#8211; uno… dos…uno…dos…uno…dos, los segundos siguen avanzando… los sueños los sigo extrañando… las lágrimas aún no se secan… uno…dos…uno…dos…el reloj no se detiene, mis pies continúan su andar, el tiempo es un tempo eterno, nunca empezó y nunca terminará… uno…dos… los sueños se alejan…los pasos de mi largo camino han dejado huellas que se borrarán cuando ya no ande más…uno…dos…sin comer…sin beber…aferrándome a la vida, aferrándome al oxígeno impuro de esta inútil vida…uno…dos…el reloj sigue ahí, la chimenea sigue encendida, el pasado sigue siendo pasado, el presente se convierte en pasado cada vez que el señor reloj avanza en su segundero…uno …dos…uno…sigo vivo… no recordaba que el camino a mi cuarto fuese ya tan largo…no recordaba, pero ahora que recuerdo, no quiero recordar…¿qué es  un recuerdo?… ¡déjame en paz pasado!…- agitaba las manos al aire conforme guiaba sus pasos a aquel pequeño cuarto donde un aún más pequeño baúl lo esperaba cobijado por el viento frío del helado invierno -…¿dónde queda mi presente?…seré pasado cuando el presente ya haya pasado, entonces, ¿cuál es el ahora?…¡oh! ahí estás pequeño mío…-tomó el baúl entre sus brazos, lo acaricio cual pirata a un tesoro milenario, lo limpió tiernamente como madre a su primer infante, lo transportó cautelosamente a la silla que se encontraba colocada frente a la chimenea que aún conservaba aquella flama, la cual aún no se había percatado que el leño era ya inexistente.</p>
<p>Sentado frente a aquella chimenea, con aquella flama, con aquel reloj frente a su mirda; sentado, con los muslos decorados con un pequeño baúl de madera, los ojos acurrucándose en un mar de lágrimas, los sueños de un pasado opacándose ante los sueños de un futuro; ahí estaba Don Longevo, acariciando su baúl, contemplando a la flama inmóvil, sentado como si esperara que alguien empezara un diálogo, &#8211; uno…dos… uno…dos…solos…tú y yo…solos…el tiempo y el viento…la vida, la muerte…los sueños, las desilusiones…solos tú y yo cofre mío, baúl de los recuerdos, baúl que alguna vez llené con tanto recuerdo, ahora… ¡termíname!…¡termíname pasado!, acaba de una vez con lo que empezaste…acaba de una vez por todas con este viejo, con este Don Miguel Longevo, con esta creación del pasado, muéstrame que no existe un futuro, al menos no para este viejo…- abriendo lentamente el cofre, cómo aquel que espera encontrarse un secreto antiguo, Don Longevo se llenaba de una ansia vacía, él ya sabía que encontraría, pero de igual manera tomó su tiempo, la flama comenzaba a moverse nuevamente, el baúl había sido abierto, dentro, sólo había tres curiosos objetos, un frasco lleno de un polvo blanco, una pistola con municiones y una carta que aún permanecía sellada.</p>
<p>-¡Al fin!, ¡el tiempo por fin dejará de hacérseme eterno!…¡por fin me he asegurado un final!…aunque no recuerdo en lo absoluto el principio de mi historia…dime tiempo…dime presente, ¡no!, dime pasado… ¿cuándo?… ¿Cuándo comenzó?…¿por qué no recuerdo mi comienzo?…¿por qué sólo pienso en terminar si ni siquiera sé como empecé?…supongo que eso ya no es relevante…no…si lo es…¿o no?…- Don Miguel contemplaba sus manos, como si hubiese descubierto en ellas una mancha que al poco rato se extendería por sus brazos, el reloj se aventuraba a susurrar un tic seguido de un tac, las ideas divagaban y se mezclaban como si todo lo que sabía hasta entonces hubiese sido introducido en una licuadora y se hubiese oprimido vacilantemente el botón de encendido, Don Longevo no podía pensar, no podía pero seguía pensando, no entendía lo que el descubrimiento le había hecho, pero igual seguía ahí, sentado, frente a esa chimenea que parecía mofarse de el con ese fuego imposible que se encendía de la nada, la licuadora se detuvo al fin, -…da igual…el pasado es el pasado…lo único es el presente y vivir un futuro, pero, ¿dónde está el futuro?…llevo años viviendo sin encontrarlo, ¿será que no existe un futuro tal cual?…da igual, ahora ya todo da igual, nada es relevante, nada importa ya, mi fin ha de venir pronto…si, mi fin…ya no existe nada más después del fin… nada…- tomó en sus manos el frasco que contenía el polvo blanco, leyó la etiqueta que le había colocado, sabía que el consumirlo terminaría lo que alguna vez fue iniciado, así lo hizo, colocándolo en sus labios e ingiriendo todo el contenido, una larga carcajada de júbilo siguió a este acto de suicidio desesperado.</p>
<p>El reloj que yacía en la pared entonaba alegremente aquel tono que lo caracterizaba, “tic…tac?, Don Longevo contemplaba el pasar de los segundos, el pasar de los minutos, el pasar de las horas, seguía contemplando, nada le había hecho nada, el seguía sentado en su silla frente a la chimenea que conservaba a aquel invitado incandescente que yacía ahí desde el inicio de la espera del pobre hombre, -…tic…tac…tic…tac…el tiempo sigue y sigue…tic…tac…yo aquí sigo y sigo… nada…aquí pasa nada… la muerte inminente no se presenta… veneno maldito que no cumples tú labor… mataste a mi madre, mataste a mi hermano, mataste a mi padre, pero, ¿qué hay con este pobre Don Longevo?, nada…no hay muerte…sólo más tiempo…-la desilusión no interrumpió el aire tranquilo que respiraba el viejo, tomó el frasco, lo cerró cuidadosamente, como si esperara utilizarlo en un futuro, y luego lo arrojó al fuego, quien lo devoró sin remordimiento.</p>
<p>-¿Dónde estás fin?… ¿por qué te me escondes?… que mas da si el veneno no hizo su tan codiciada labor, su tan temida labor…no es el único que puede calmar mis ansias por acabar, mis ansias por decirme que ya no habrá más…ven conmigo segundo tesoro, sal de este pequeño cofre, sal, no seas tímido, con tu tan puro y elegante color mortal deberías cumplir con la profecía, todo lo que empieza, tarde o temprano habrá de terminar-, Don Miguel tomó aquella pequeña arma, la cargó, se aseguró de que sirviera apuntando a un florero, el cual en un estruendoso crujido se despidió de la vida, todo parecía listo ya, el fin era inminente, el presente no existiría mas para nuestro querido viejo, pertenecería a aquel mundo al que pertenecemos todos, pertenecería al pasado, -…sólo un clic…sólo necesito jalar de ti, ¡oh benévolo gatillo!, sólo necesito apuntarme y podré finalmente ser un ser feliz-, apuntando a su cabeza y cerrando los ojos para poder así evitarse la molestia de contemplar el mundo y al tiempo dejar de existir, inhaló profundamente y tiró del gatillo, un estrambótico sonido apabulló al frío, al reloj, a la flama, a la silla y a ese pequeño baúl, pero no a ese hombre que seguía sentado en aquella silla, no a ese hombre que mantenía los ojos cerrados, no a ese hombre que seguía teniendo ciento tres años, La munición había pasado por un lado de la cabeza y había alcanzado a golpear uno de los vidrios, la flama que yacía en la chimenea entró en pánico, el helado viento inundó la casa de Don Longevo, él no hizo ni un movimiento hasta que no se hubo convencido que seguía en el presente momentáneo, en aquel presente del que tanto quería escapar.</p>
<p>-¡¿Por qué no puede un hombre morir y ser feliz?!…¡¿por qué me insistes tanto tiempo en mantenerme vivo?!… ¡¿qué precio tengo yo?!…¿o será…?- el viento golpeaba fuertemente el interior de la habitación, el helado soplar atormentaba a aquella débil flama, pero el miedo no la removía de aquel lugar en el que ella continuaba, el miedo no la removía de aquella chimenea que seguía sosteniendo en sí a aquel reloj que continuaba entonando aquella canción que llegaba a los oídos de aquel hombre que seguía sentado en aquella silla, no hubo más remedio que arrojar el arma al suelo. Harto y con los ojos ahogados en gotas de tristeza, Don Longevo tomó aquel último elemento del baúl, aquella carta cerrada, -Cruel mi destino al no poder partir, pero más cruel al descubrir que lo único que queda sin conocer es el contenido de este papel, de este inútil papel, de este… ¿papel?, si mi memoria no me falla y el pasado que conservo en mi pensar no es algo que se haya planteado mal, el contenido es algo que guarde para leer el día en el que llegara el final, pero entonces no debo leerlo ya que jamás llegará mi final, jamás tendré un último momento, ya que “el último momento? que vivo es el momento en el que el presente se hace pasado…sólo puedo…sólo me queda leer este estúpido papel…sólo eso me queda…¡claro, ríete de mi tiempo!…¡ríete!…pero pronto dejaremos de pelear, porque tú aquí te quedaras, fluyendo como el sonido de ese estúpido reloj, mientras que yo ya no tendré que caminar y por fin podré descansar- una sonrisa llena de malicia decoró su arrugado rostro, tomó la carta entre sus manos, abrió el sobre y comenzó a leer el contenido de la misma, el viento dejó de soplar, la flama cedió ante la fuerza del gélido frío, el reloj paró en seco su serenata de “tics? y de “tacs?, los ojos de Don Longevo se ahogaron por el extenso lagrimar, hasta que pronto no podían más llorar, tomando como última alternativa sangre derramar, las manos de Don Miguel flaquearon, la carta rodó en el suelo, la carta leía:</p>
<p>Miguel:</p>
<p>Jamás tuve un amante, pero sólo así pude lograr que no te preocuparas por mi, tengo cáncer cerebral y el tratamiento es muy costoso… no creo sobrevivir, perdóname por mentirte. Te amo</p>
<p>El cuerpo inmóvil del viejo seguía sobre aquella silla, frente a aquella chimenea que seguía colgando a aquel reloj que ahora se encontraba mudo.</p>
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