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	<title>Oropeza &#187; Uncategorized</title>
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		<title>Querida Luna</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Oct 2010 14:40:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>poetasangriento</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Querida Luna:
¿Y si te dijera que estoy muerto? ¿Te reirías acaso? ¿Llorarías? La primera vez que me vi en el espejo y descubrí en él a un cadáver era yo un joven estúpido e ingenuo; valoré mi existencia basándome en un sueño que siempre quise creer una realidad y aislé mi alma, si así quieres [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Querida Luna:<br />
¿Y si te dijera que estoy muerto? ¿Te reirías acaso? ¿Llorarías? La primera vez que me vi en el espejo y descubrí en él a un cadáver era yo un joven estúpido e ingenuo; valoré mi existencia basándome en un sueño que siempre quise creer una realidad y aislé mi alma, si así quieres llamar a mi esencia,  de esperanza.  Era un día de Noviembre, lo recuerdo porque aquel fue el que pensé sería el invierno más frío, claro que en aquel entonces no sabía de lo que hablaba y, mucho menos, sabía lo que era sentir. ¿Te ha pasado? ¿Aquella flama que te carcome por dentro y te hace suplicarle a la vida por un poco de calor? ¿Lo has sentido? Yo en aquel entonces empezaba a verme tentado por aquella misteriosa flama congelante y deposité en las letras y las palabras cada mililitro de mí ser, esperando encontrar no sólo un refugio, sino un mundo mejor.<br />
¿Qué es un cuento?, ¿qué es una historia? ¿Es acaso un hogar donde tus emociones se resguardan de la vida o se trata, simplemente, de un escondite en el que tu mirada se pierde en el miedo de lo que está por venir? Quizá sea un poco de todo, pero, ¡oh,  qué triste historia! Aquella vez era yo un chicuelo y le vendí mi sonrisa a un pasante encapuchado; me les entregué al odio, al rencor, a las pupilas muertas, a los silencios eternos. Y entonces llegó un resplandor. No, lo siento, no se trata de ti todavía, pero esta es sólo una recapitulación de la primera vez que vi a un joven vivo sonreírme del otro lado del espejo, era ingenuo, solitario, pero, también, se trataba de mí.<br />
Sabes, aquel día dije: me siento vivo. Bueno, eso último es mentira ya que no dije ni pensé nada, sólo existí. Es triste, ¿no? Saberte vivo y no poder decírselo al mundo porque piensas que todo es un mito o que aquel lugar de dónde vienes se aproxima por detrás de ti con la única intención de secuestrarte y encerrarte en el vórtice de miseria del que tu alma viene. Bueno, así fue esto, corría tan rápido como me era posible y aprendía la magia del existir, del sonreír, del sentir, del entender y conocer. Como ya lo habrás anticipado, el resplandor murió dejándome atrapado en el silencio y el vacío del que vine. Todo fue mi culpa.<br />
¿Qué por qué te cuento todo esto? ¿Por qué posas tus ojos por estas letras efímeras y continúas la lectura? Yo tampoco estoy seguro, pero poco importa porque, como antes te dije, estoy muerto. Me puedo dar el lujo de escribirte anécdotas cargadas de ilusiones pasadas e historias que jamás veré o viviré y, eso, es un hecho. Los muertos no sentimos las historias, sólo las escribimos en papel para que, los que aún tienen esperanza, levanten la mirada al terminar la lectura y se encaminen a un mañana, si no mejor, por lo menos nuevo y diferente. ¿Te interesa saber qué pasó después con mi cadáver? Si es honesto tu interés sigue leyendo, si no, ni te molestes en seguir. Está claro que apareces más adelante, pero, he muerto tantas veces ya que no me gustaría olvidarlas.<br />
¿En qué me quedé? ¡Ah, claro! “Todo fue mi culpa”. Sí, era yo joven, el ataúd en el que me escondí tras eso era uno con mucha compañía, es difícil sufrir a gusto cuando existen quienes te hacen compañía, cuando existe alguien que te de caricias vacías y te haga mentirle a la vida con historias que jamás comprenderá, y poca falta hace dado que esa es justamente la razón por la que cuentas historias, para que no te comprendan y puedes navegar por el mundo de los vivos con un disfraz perfecto. El tiempo hizo su trabajo y se terminó ese capítulo con un misterio nuevo. Ahí es donde tú dices “aquí aparezco”. Sí, aquí empieza la historia que importa, al menos la que le importa a tus ojos curiosos y a tu nervioso pecho el cual, seguramente, se balancea suavemente mientras tu mente devora cada una de estas palabras. Bien, bien, dejaré de hablar de porciones de tu suave piel y continuaré la historia.<br />
Aquel capítulo se había terminado, sin embargo, no era el fin de aquella historia. ¿Te ha pasado que sueñas con algo y cuando lo ves próximo a ti apartas la mirada y regresas a algún lugar en donde te sientes cálida? ¿No?, ¿sí? Pues, eso fue lo que ocurrió, mi cuerpo, ya en proceso de descomposición y con principios de rigor mortis, nadó de regreso a aquella isla de vacío donde se sentía acompañado, regresé a mi tumba donde sólo existía una utopía de papel colgada con cordones roídos. No te enojes, por favor, no quería huir, quería volar pero temía convertirme en Ícaro y al estar cerca de ti caer y ver mis aspiraciones ser sólo eso. Si, estúpido de mí, pero el capítulo que se escribió en mi tumba terminó como empezó, con silencio y agresión.<br />
Silencio… silencio… el aire pasa lento y el frío emana de mí y no de los muros que me rodean. ¿Curioso, no? Frío, frío cuerpo el mío, pero más helado mi pecho, el cual se encontraba vacío de canciones. Entonces mis alas estaban colgadas en el armario, junto a mi disfraz de persona y el de amante. ¡¿Quién diría que aparecerías de nuevo en la historia?! Bueno, esa fue una pregunta estúpida, pero tenía que hacerse, creo. Ya no eras un Sol quemante y cegador sino que eras Luna; le diste calma a la tormenta y calmaste los pensamientos que se comían, vestidos de gusanos, cada uno de los rincones de mi mente. ¡Oh bella Luna! Y sí, la vida vino a mi cuerpo.<br />
¿Quieres que continúe la historia? Lamento decirte que no lo haré, no porque no quiera narrar la historia sino porque ese libro es bastante extenso y aún está inconcluso y me apenaría que leyeras una obra incompleta. Sí, ya sé, ¿y entonces para qué escribí estas palabras? Yo tampoco estoy seguro. Le pregunté a una nube, esta mañana, si debía cantar, escribir, llorar, reír, vivir, morir, y lo único que hizo fue decirme que hacía mucho frío y que debía hacer algo que me quitara el frío. Los muertos no sienten el frío, ni el calor.<br />
Y si te dijera que estoy muerto, ¿me creerías? No lo creas porque, si lo haces…  lo estoy. </p>
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		<title>La Llamada</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Sep 2010 04:37:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>poetasangriento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[llamada]]></category>

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		<description><![CDATA[Llamada
La lluvia azotaba ferozmente aquel día en que todo comenzó. Sofía, una hermosa estudiante de dieciocho años de edad, se encontraba esperando la llegada de su novio en el momento en que recibió una llamada telefónica; a pesar de que se trataba de un número desconocido que encubría a una voz conocida, ella temía de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llamada</p>
<p>La lluvia azotaba ferozmente aquel día en que todo comenzó. Sofía, una hermosa estudiante de dieciocho años de edad, se encontraba esperando la llegada de su novio en el momento en que recibió una llamada telefónica; a pesar de que se trataba de un número desconocido que encubría a una voz conocida, ella temía de aquello que esa voz le decía, “Espero que seas lo suficientemente paciente como para esperarlo por toda la eternidad, cariño, ya que él está un poquito ocupado en este momento, ya que se encuentra con su verdadera novia, así que espero que no te importe que llegue un tanto tarde…”. Una estridente risa escapó de su teléfono a la vez que ella comenzaba a llorar. “Venga, no seas tímida- dijo la voz- no es tan malo… sabes, podría ir a recogerte en su lugar, ¿qué me dices?” Sintió como si una serie de balas atravesaran su pecho en el instante mismo que la voz pronunció aquellas palabras; también fue en ese momento que se percató de quién era el dueño de aquella voz, su nombre era Shady. Él era uno de sus mejores amigos en la escuela a pesar de que procuraba criticar a su novio al cual nombraba el “Night Crawler”,  nombre que no hacia referencia a un superhéroe sino al hecho de que se trepaba de la cama de una chica a otra en una misma noche.<br />
	Sofía no dudaba de las palabras de Shady ya que encontraban absurdo el mentirse entre ellos, habían sido amigos desde que tenían cuatro años y se conocían bastante bien; a pesar de ello, Sofía encontraba en él una actitud sospechosa, tanto por la manera en que se expresaba como en el hecho de que su teléfono no hubiese registrado su número. Dudó un poco antes de aceptar la propuesta, pero ya que estaba completamente arreglada para una cena elegante decidió que no desperdiciaría las horas enteras que pasó frente al espejo y probador decidió acceder.<br />
	Pasados diez minutos tras haber terminado la conversación telefónica llegó Shady a casa de Sofía. Con plena confianza, estacionó su lujoso auto –el cual seguramente costaría tres veces más que el auto del padre de Sofía, el cual trabaja en un banco como gerente- frente a ella, quien titubeó un poco antes de acercarse al vehículo. “¿¡Qué onda?! ¿Te hice esperar demasiado?” preguntó mientras salía del auto con el fin de abrirle la puerta de copiloto y mostrar toda aquella caballerosidad que no había demostrado en la conversación telefónica. Una vez que emprendieron camino, Sofía no pudo evitar fijarse en la elegante vestimenta que Shady portaba, incluso parecía que el sabía de antemano los eventos que se iban presentando aquella noche, puesto que solo eso explicaría el porque su vestimenta empataba con aquel vestido rojo que ella traía puesto. Las lágrimas ya no se expandían por el rostro de Sofía, pero eso no significaba que fuese a sonreír ante las constantes bromas que su acompañante realizaba. Después de unos cuántos minutos se estacionaron en el estacionamiento del lujoso hotel en el que cenarían aquella noche. En dicho lugar sólo aquellos con reservaciones de más de una semana tenían permitido entrar para degustar la exquisita comida que ahí servían. “Me pregunto… ¿será que sabes algo que yo debería?, “¿A qué te refieres?”, “Pues, pareciera que tenías todo planeado… “, “pues, a decir verdad, así es…”.<br />
	-¿Cómo es que sabías lo que iba a pasar esta noche?-.<br />
 	-Pues, verás, ha decir verdad no estaba tan seguro, pero antes de continuar me gustaría que supieras que no tengo malas intenciones, así que no hay por qué sospechar o tener miedo… ¿vale?-.<br />
	-…vale, pero de igual manera dime ¿qué está pasando?-<br />
	- Bien, bien, te digo…verás, Mariana, la chica con la que se suponía que iba a verme esta noche me habló hace un par de horas para cancelar y, poco antes de que me colgara, escuché la voz de Tomás en el fondo diciéndole, sin pena o pudor alguno, expreciones con tintes eróticos con el fin de que terminara la conversación cuánto antes para que pudieran seguir…-. Shady sabía que era inútil dejar escapar lágrimas, por lo que, decidido, continuó -… así que, pues, pensé que tú estarías sola esta noche y que posiblemente un poco de compañía no te haría nada mal&#8230;”.<br />
Sofía quedó atónita tras escuchar aquello, por lo que no encontró razón alguna para mostrarse deprimida por lo de Tomás, puesto que Shady comprendía aquello por lo que estaba pasando.<br />
	El resto de la noche siguió su curso sin más altercados, una cena deliciosa aderezada con una serie de risas hiceiron de aquella cita inesperada una velada perfecta, limpia de los odios que sus respectivas parejas habían generado en ellos horas antes; nada en el mundo parecía importar. Una hora y media después de haber llegado al hotel ambos comenzaban a mostrar señales de que el vino había surtido su efecto por lo que optaron por pagar la cuenta y abandonar el restaurante. Cuando llegaron a la puerta del acensor Shady consiguió besar a Sofía sin que ella pusiera resistencia alguna y continuaron besándose cuando entraron en él. Cuando el elevador se detuvo Sofía escapó velozmente de él, sin embarfo las puertas no se abrieron en el lobby.<br />
	A pesar de la hora, Sofía mostraba pocos signos de somnolencia mientras se colocaba una a una sus prendas alistándose para abandonar aquella habitación, acción que conseguiría llevar a cabo sin siquiera ser notada. En el lobby del hotel se hizo de un taxi que la llevó a casa, había sdo una larga noche y estaba decidida a descansar un poco cuando optó por revisar su celular, el cual había dejado en la mesa de noche. Cuando revisó su celular descubrió, con cierta sorpresa, que había una gran cantidad de llamadas perdidas y mensajes nuevos. Decidió revisarlos rápidamente bajo la premisa de ignorar todo aquel que perteneciera a Tomás y al comenzar a leer los mensajes descubrió que los primeros cinco eran de la angustiada hermana menor de Tomás preguntando por el paradero del joven; los siguientes tres eran de la madre de Tomás, la cual desconocía completamente el paradero de su hijo; por último estabn los mensajes de Mariana, la novia de Shady, preguntando por él, ya que se suponía que oba a pasar por ella y jamás había llegado.<br />
	La lluvia azotaba ferozmente aquel día en que todo terminó. Fue muy doloroso para Sofía ver el cuerpo de Tomás descansando en aquel ataúd. Nadie volvió a saber de Shady. </p>
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		<title>Cigarro</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 00:59:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>poetasangriento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[El cigarro estaba en el suelo, encendido, esperando a que alguien le aspirara. La luz de la luna era imperceptible entre tanto humo, nadie notaría jamás la presencia de aquel pequeño y diminuto ser que se posaba en el piso, o al menos nadie que no fuera aquel sujeto de cabello corto y mirada misteriosa. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El cigarro estaba en el suelo, encendido, esperando a que alguien le aspirara. La luz de la luna era imperceptible entre tanto humo, nadie notaría jamás la presencia de aquel pequeño y diminuto ser que se posaba en el piso, o al menos nadie que no fuera aquel sujeto de cabello corto y mirada misteriosa. Llevaba rato viendo al cigarro, ahí, tan quieto, tan mudo, tan increíblemente frágil e indefenso, como no lo fuera cuando se posaba en su boca. Seguía ahí, contemplando a hombres y mujeres tomar de unos vasos un extraño líquido amarillento con espuma; lo mismo hacía aquel bárbaro que le había dejado caer hacia unos minutos; bebía, reía, acariciaba el muslo de una joven diez años menor que él, mientras que ella le contestaba la caricia en la entrepierna, y, sin embargo, no le quitaba la mirada de encima.<br />
	Había pasado ya tres veces aquel señor de blanco con botas negras, no le había puesto atención alguna, ni siquiera se había percatado de su existencia ni del hecho de que lentamente contagiaba al suelo de madera con su tristeza. Mirada Misteriosa veía al cigarro llorar, mientras que su mano se entretenía con el sexo de la mujer, a lo cual ella reaccionaba con un “nos van a ver… detente…” seguido de una tímida y sutil risa que era audible hasta para las personas que apenas iban a atravesar la puerta de madera vieja y rancia.<br />
	Han pasado ya tres horas desde que comenzó el incendio en aquel bar, Mirada Misteriosa sujetó a la joven que lo acompañaba para que no escapara y ambos se fundieron con la noche. El cigarro por fin había sido visto por botas negras, y, en un arranque de alegría, la euforia de cigarro era incontenible, el mesero huyó despavorido. “Un lamentable suceso” afirmaba la policía mientras los bomberos intentaban apagar aquellas flamas.</p>
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		<item>
		<title>Credo &#8211; Nuria Parés</title>
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		<pubDate>Fri, 15 May 2009 03:48:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>poetasangriento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[

  

Credo
&#160;
Creo en el hombre, 
El creador del mito y de los sueños.
creo en el hombre aquí y aquí plantado, 
jineteando su porción de tiempo,
encerrado en su circulo de angustia,
clavado en el madero del deseo.
Creo en el hombre sin antes ni después, en el ahora:
sin limbos, sin la gloria y sin infierno.
Y porque sé [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8" /><meta name="ProgId" content="Word.Document" /><meta name="Generator" content="Microsoft Word 11" /><meta name="Originator" content="Microsoft Word 11" /></p>
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<p><!--[if gte mso 10]><br />
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<p> <![endif]--></p>
<p class="MsoNormal"><strong>Credo</strong></p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Creo en el hombre, <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El creador del mito y de los sueños.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">creo en el hombre aquí y aquí plantado, <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">jineteando su porción de tiempo,<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">encerrado en su circulo de angustia,<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">clavado en el madero del deseo.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Creo en el hombre sin antes ni después, en el ahora:<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">sin limbos, sin la gloria y sin infierno.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Y porque sé la luz y sé la sombra<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">creo en el hombre: el absoluto dueño<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">del olvido (esa pequeña muerte agazapada<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">que desde siempre nos acecha dentro)<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">como creo en el hombre, pobre esclavo<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">que sufre al ramalazo del recuerdo.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Creo en el hombre aquí y aquí plantado,<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><span> </span>encerrado en los límites del tiempo,<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">encajonado en los muros de su mundo, <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">enclavado en la entraña de su suelo,<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">aprisionado en cárceles y en minas<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">circunscrito a su propio pensamiento.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Creo en la maravilla geométrica<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">del círculo concéntrico<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">y porque dos y dos son siempre uno<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">creo en la magia del número bicéfalo. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Creo también en desandar lo andado,<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">en el que sale afuera desde dentro <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">y creo en el que tiene la osadía<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">de ascender por los círculos concéntricos:<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">creo en el hombre del zurrón y el báculo<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">en la huida valiente y en el éxodo.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Ahora y en la hora de las confrontaciones:<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">creo.</span></p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
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<p class="MsoNormal" style="text-align: right" align="right"><strong><span lang="ES-MX">Texto de Nuria Parés, <em>Colofón de luz</em> (1959)<o:p></o:p></span></strong></p>
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		<pubDate>Tue, 22 Jul 2008 23:43:24 +0000</pubDate>
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