Todos los días Karen observaba por la ventana el pasar del día. Desde que se levantaba hasta que se acostaba, no hacía más que observar las nubes pasar y los tonos del cielo pasar de rojos a azules, de azules a rojos, de rojos a negros y de negros a rojos. Había día en que no dormía, tan sólo para observar al cielo. Su familia ya no sabía que hacer, puesto que por más que intentaban darle obsequios o invitar a sus amigas, con el fin de que se quitara de una vez de la ventana, ella jamás se movía. Las únicas veces que había quitado de los ojos del cielo fue cuando, a sus 14 años, instaló un sistema de drenaje, con ayuda de su amigo Carlos, a un lado de la ventana, de manera tal que no tuviera que apartarse ni un solo segundo.

Todos aquellos días Karen comía lo que le daban sus padres, quienes en ocasiones dejaban de enviarle comida para ver si así podían persuadirle de salir en busca de alimento, sin embargo se sorprendían con horror al ver a su hija devorando su propio excremento. No parecía haber forma de removerla de aquel sitio y cada vez que alguien –psicólogo, familiar, amigo, vecino, etc. – le preguntaba el porqué estaba tan obsesionada con el cielo ella siempre respondía: “¿a poco no es hermoso?”

En una ocasión un grupo de especialistas la fue a ver y trató de obtener más información del porqué se encontraba en aquel sitio contemplando el cielo y ella parecía no ceder, hasta que después de un año de convivir con ella, al fin reveló: “Mi abuelo me dijo que siempre que siempre que me sintiera sola, o confundida, o asustada, observara el cielo y él me respondería todas mis dudas, inquietudes y siempre estaría ahí para mi…”. Los especialistas, inquietos, conversaron entre ellos unos instantes y, tras un acuerdo, le dijeron a Karen: “Pero… ¿qué duda o inquietud o miedo te mantiene observando el cielo?” Ella, decorando su rostro con una sonrisa volteó a verlos y comentó con voz serena: “¿Por qué no me contesta?”

Todos los días Karen observaba por la ventana el pasar del día, hasta que un día de Noviembre, a sus veinte años, se puso en pie y caminó torpemente hasta la sala de su casa, donde se encontraban sus padres. Cuando la vieron de pie rompieron en llanto, la alegría era tal que habían olvidado por completo la angustia de los últimos seis años en que ella había estado sentada frente a la ventana. Karen los observó con una enorme sonrisa hasta que por fin dijo: “El abuelo está tomando una siesta”.

Popularity: 1% [?]