May 2007

Monthly Archive

El Poema del Rey

poetasangriento 28 May 2007 | : Cuento

Los negros pensamientos se refugiaban en las botas negras del poeta que yacía sobre la pequeña silla que estaba delante la mesa redonda. Era un día de esos en los que nada puede salir mal, claro que eso sólo para la gente ordinaria, pues con sus túnicas verdes, pequeñas y roídas vagan sin rumbo por los extensos terrenos del reino en el que viven. El poeta antes mencionado vestía tan sólo un pijama blanco, con un pequeño gorro que con esfuerzos cubría la mitad de la cabeza del pobre hombre. El sujeto estaba desesperado, ya se había levantado y sentado tantas veces que incluso me resultan innumerables, pero supongo que es parte de quedar mareado ante tanta desesperación. El pobre poeta buscaba tan sólo una delicada palabra para concluir el verso del poema que había creado para su humilde rey que amenazaba con degollarlo si ese poema resultaba ser un fiasco. Así siguió el pobre poeta, dando vueltas, demostrando con su esbelto cuerpo los días enteros que llevaba sin comer debido a su intensa labor de crear el poema perfecto.

Las ideas se le escapaban, las perseguía por el extenso corredor que llevaba a una amplia sala llena de estatuas grises de los ancestros del rey o figuras enormes recaudadas a lo largo y ancho del planeta tan solo para estar ahí paradas creando sombras negras que ocultaban las marcas de las matanzas que fueron necesarias para obtenerlas. Mientras este pobre residuo de poeta intentaba alcanzar las ideas ligeras que fluían a través del viento frío por los oscuros rincones del castillo el tiempo avanzaba velozmente, no había vuelta atrás, era hora de comenzar a pensar, encerrado en su habitación. Así volvemos a aquel cuarto donde este pequeño relato dio inicio, volvemos al lugar donde el intento de ser humano, al que llamamos poeta, viste su pijama blanco y cavila sentado en su silla y que posee unas botas duras y apretadas de color negro que sirven para no dejar escapar las ideas que yacen por los suelos.

Quedaba poco tiempo para que el generoso rey solicitara su poema, el poeta estaba buscando por los rincones de su habitación, incluso fue removiéndose las ideas de la cabeza con las yemas de sus dedos sin lograr avance alguno. Fue cuando el amorfo cerebro del poeta empezó a dejar de funcionar que su corazón tomó cartas en el asunto, ese corazón tan rojo, rodeado de tanta oscuridad (para los que no saben mucho de anatomía, está dentro de nuestro cuerpo a la altura del pecho) había decidido darle una pista a lo que quedaba del poeta, - serénate un momento, piénsalo bien, la palabra que buscas es la palabra que el rey nunca ha sentido, no me refiero a la piedad o a la compasión, me refiero a ese sentimiento que sólo surge en aquellos que ven en los demás o en la naturaleza la verdadera belleza-, sorprendido por lo que dijo su corazón, pequeño y rojo, se puso a pensar y descubrió, después de un tiempo, que la palabra no era nada complicada, pero a la vez era muy profunda, la palabra que buscaba, era amor.

El poeta entregó su poema al rey justo a tiempo, el rey se sintió alegre por la noticia y lo leyó en voz alta, admirando el trabajando tan espléndido que fue realizado, el poeta fue venerado como el mejor poeta de la historia, aunque su historia sólo la cuento yo, que soy su asesor personal.

Nadie nunca supo el contenido del poema pues el rey lo enterró junto a su esposa, quien murió dos semanas después por una riña con el rey.

Pero, ¿cómo se yo tanto de este débil poeta que se encontró bajo las garras de este rey?, sencillo, aquel poeta soy yo.

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RCTV Libre

oropeza 27 May 2007 | : Opinión

Evelyn B. Hall hacienda referencia a Voltaire escribió:

Podré no estar de acuerdo en lo que dices, pero defenderé hasta la muerte, el derecho que tienes de decirlo.

Derecho básico y fundamental de las personas, que se va perdiendo en cierto país latinoamericano, país en donde el presidente ya es el portador de los 3 poderes del estado.

Triste tragedia el cierre de RCTV por parte del gobierno Venezolano para ser convertido en un canal del régimen. Un país en donde los periodistas sufren de violencia por el simple hecho de no estar de acuerdo con lo que dicta el presidente.

Free RCTV: Say No to Censorship!

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Un día…

poetasangriento 20 May 2007 | : Cuento

Cualesquiera que fueran sus motivos, cualesquiera que fueran sus razones, él ya estaba ahí, tendido sobre la cama, tendido sobre un río de sangre que provenía de un cuchillo que acariciaba su corazón con su afilada chuchilla.

Era martes, él paseaba por las instalaciones de su escuela, era de mañana y faltaba poco para que el sonar de la chicharra indicara el final de aquel sueño que el denominaba descanso. Ella lo seguía a todas partes, le hacía reír, le hacía pensar, le acompañaba arriba, le acompañaba abajo, exceptuando aquellas pocas ocasiones en las que se dedicaba a realizar deberes atrasados o que debía buscar algún maestro y pedirle un algo o un todo, hablando de calificaciones, claro.

El día transcurría de la manera más natural, él entraba en el aula, escuchaba las clases, anotaba los apuntes necesarios, los innecesarios también, platicaba con alguno de sus maestros, salía del aula, iba en busca de ella y la acompañaba, hasta que fuese hora de regresar a la rutina o que fuese hora de culminar con las clases.

Aquel martes era un día nublado, la lluvia parecía próxima y la angustia por las materias era ya casi mínima, y en caso de él o de ella, no había mucha diferencia, disfrutaban estar juntos, pero ya querían marcharse, huir de aquella prisión de concreto, aunque eso significara darle la espalda a todo aquello que los hacía alegrar o enojar, según el caso.

La chicharra marcó la hora de salir, él se apresuró para encontrarse con ella, pero ella ya estaba lista, esperándole, con aquella sonrisa que le cautibaba. Llevaba ya bastante tiempo su amistosa relación, él la había conocido un día en el que ella no pensaba conocerlo a él.

Ella no pensaba mucho en él, sus prioridades eran otras, de hecho, no se le había ocurrido que él quería más de ella, o que alguien deseaba algo más, la verdad era algo compleja. Ella buscaba muchas cosas para su vida, ¿lujos?, no, sólo deseos, sueños e ilusiones. Él sólo deseaba, no sabía a quién o qué, sólo deseaba, soñaba, pensaba.

Aquel martes habían quedado de salir juntos a alguna parte, ella estaba feliz por el lugar al que irían, él estaba feliz porque iría con ella a algún lugar. El camino era un camino como cualquiera, de hecho era el camino que él cogía frecuentemente, la plática, era una plática como cualquiera, de hecho, era una plática que ya conocían mucho ambos, de igual forma platicaban.

Entraron al lugar, era un inmenso lugar, dónde llegaron a sentarse y contemplar a gente hablar y moverse, todo detrás de una pantalla tan acomplejadamente grande, tan bizarramente colorida, tan…

Ellos estaban sentados, él no sabía si debía voltear a ver aquella enorme pantalla o seguir contemplando aquella pieza de artesanía, tan bella, que el mundo entero sentiría envidia de ver a aquel hombre con aquella mujer, con aquella joya.

Ella seguía impresionada con aquel juego de colores, formas y palabras que asimilaban un extraño licuado insaboro, pensando sólo en eso, hasta que en un momento de distracción, pensó en aquel que la acompañaba, pensó en aquel sujeto que siempre le acompañaba, en aquel sujeto que siempre estaba ahí. Ella volteó su mirada y su atención a él, él no podía dejar de verla hasta que se percató de que lo habían descubierto. Se miraron fijamente, sólo estaban ellos dos, ella en frente de él, él en frente de ella, las miradas ya no querían trabajar y sus ojos se cerraron, sus cuerpos levitaron gentilmente cual imanes y cuando al fin hubo el primer contacto, el cuerpo y la mente dejaron trabajar al corazón y a la pasión.

La gigantezca pantalla se tornó en negro y unos pequeños letreros blancos empezaron a surgir, los dos se desprendieron y decidieron acompañar a las personas hasta la salida, ya era un poco tarde cuando salieron de este lugar.

-No… debí…-. Ella dijo firme, encogida de hombros oculta su mirada de la mirada de él, él no sabía que hacer, sus pasos se habían detenido, juraba que su corazón también, siguieron su camino, hasta que tuvieron que separarse.

Él, cavisbajo, siguió su andar, llegó a una construcción que el atrevidamente denominaba suya, se adentró en la misma y no detuvo su camino sino hasta que llegó a un lugar donde objetos filosos abundaban, cogió uno, luego un extrño alimento blanco y cremoso, y se encaminó a un aula en la cual reposó su cuerpo sobre un algo inherte y suave.

Cavilaba, veía la imágen una y otra y otra vez, aquel rostro, aquella textura, aquel sabor… -¿por qué?.

Un sonido asesinó al silencio que predominaba en aquel lugar, él se perturbó un poco, pero se logró levantar e inció la búsqueda de aquel extraño artefacto sonoro. Al encontrarlo lo tomó, colocó su índice en una de las teclas y comenzó una conversación con una voz amiga… la de ella. -¿Hola?-, -hola, soy yo… sólo quería pedirte que no le dijeras a nadie sobre lo sucedido y qu elo mejor sería que lo olvidáramos-, -pero…-, - bueno, sólo era para eso, nos vemos, descansa…-.

Se le resvaló el artefacto de las manos, estaba nervioso, no entendía nada. -¿Olvidarlo?, ¿por qué?, ¿qué hice mal?-. Las dudas revoloteaban en su cabeza, el estomago le daba vueltas por igual y el corazón latía con una fuerza muy intensa, era tal el golpeteo que él sólo encontró una forma de detener el latir del mismo, cogió su mano y le pegó un estrepitado golpe… de su mano no había retirado el filoso artefacto.

Al día siguiente, ella lloraba, pero el día era un día muy soleado.

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Los maestros opinan sobre la Ley del ISSSTE

oropeza 15 May 2007 | : Opinión

Estos son los maestros que protestaron hoy en contra de la Ley del ISSSTE.

Maestros

Estoy seguro de que todos esos ilustres maestros, forjadores del futuro de México, hicieron su tarea leyendo la ley con detenimiento, analizandola mas tarde en un intenso debate en la asamblea de su sindicato. Después por su propio razonamiento llegaron a la conclusión de que no es adecuada para el país, por lo que se tiene que eliminar. Supongo, que ademas van con mejor propuesta. Nuestros educadores siempre tan dedicados pensando en el futuro de todos.

¿No?

Yo por eso no emito una opinión pública. Ya que no he leído la ley y sin saber de que se trata, no puedo emitir una opinión personal en favor o en contra.

Podría claro, repetir lo que dicen en la tele, el periódico, mis amigos o mi líder sindical favorito. Pero prefiero tener ideas propias y ver la realidad con mis ojos, no con la mirada ambiciosa de poder de otra persona que la califica por el color del partido… que seguramente además, tampoco ha leído la ley.

La tarea de todos…

Leer la Ley:

http://www.issste.gob.mx/nuevaley/leydelissste.pdf

Y ahora si a opinar.

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Bathtime in Clerkenwell

oropeza 12 May 2007 | : Videos

Cuidado con el tiempo.

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Don Miguel Longevo

poetasangriento 10 May 2007 | : Cuento

Minutos de Longevo

Por El Poeta Sangriento

El tiempo transcurre lentamente, pero lo hace con aún más pereza cuando esperas algún evento, algún momento o cuando es un instante de completa aburrición, aunque una hora sigue siendo una hora y un minuto sigue siendo minuto no importando cuan largo le parezco a uno.De igual modo el tiempo puede encontrarse con un acelerado ritmo que marcará la llegada de tú fin antes de que para ti siquiera sea esperado, es decir, cuando uno disfruta algo el tiempo deja de ser eterno para convertirse en un instante, y en sólo eso. Este es el tiempo en sí, un tiempo que todos los que estamos vivos compartimos por igual, para todos una hora es una hora, al igual que un minuto es un minuto, cada instante es un instante nuevo, que aunque estés dentro de una rutina jamás se parecerá al anterior ya que el anterior segundo es un segundo pasado.

Pero así como hay pasado, hay presente y probablemente un futuro, aunque, si no me creen, deberían preguntarle a Don Miguel Longevo, quien a sus ciento tres años aún sigue vivo y con su salud intacta y en buen estado, él ha visto pasar la vida muy cerca de sus ojos, el pasado lo tiene muy presente, el puede ver el presente con mucha más claridad, pues sabe el por qué de que las cosas sean como son, pero es el futuro lo que mas le preocupa a este señor.

-¡Oh!, el futuro, el impredecible futuro, el futuro que nadie puede saber pero que todos quieren conocer, se preparan arduamente para recibirte de frente aunque saben nada de ti… -, Don Miguel contemplaba con una frívola mirada la cálida llama de la chimenea, era invierno, el frío se había apoderado de los nervios de la gente, de sus sentimientos e incluso de sus pensamientos, la gente iba y venía buscando cobijo, buscando refugio, buscando alguna fuente de calor, toda la gente menos Don Miguel, el seguía ahí sentado, pensando al calor de la flama que lentamente se extinguía junto con el leño seco que la alimentaba. – ¡Oh tiempo!, ¿qué has hecho con nosotros los hombres?, ¿por qué peleamos todos por un poco de ti?, ¿qué te hace tan importante si yo te he conocido a lo largo de los años y nunca he necesitado un poco más de ti?-, La flama de la chimenea se había extinguido casi por completo, en los ojos de Don Miguel se alcanzaba a ver como una lágrima escapaba, cual niño que comete una travesura y no quiere ser descubierto por nadie, - Tiempo… pasado… futuro… presente… todos mueren…¡Patrañas!, yo no he muerto aún, todos creen que debería morir ya, pero no, heme aquí, sentado, frente a una absurda chimenea que desprende un absurdo fuego que absurdamente calienta las absurdas manos de un viejo-. El invierno era crudo, todos los hombres habían visitado, al menos en una ocasión, a algún doctor, todos menos Don Miguel, quien seguía sentado en su silla frente a la flama opaca de la chimenea, llevaba ya días enteros ahí sentado, frente a aquella flama, aquella triste flama que perdía la vida como enfermo terminal en un hospital de vaga sanidad; ni un bocado había atravesado los labios de aquel pobre hombre, ni una sola gota de agua había siquiera insistido en tentar al hombre para que éste la cogiera y se la tragara con el gusto mismo de los hombres pobres que yacen hambrientos en las calles.

Esbelto, alto, encorvado, con la mirada fija en la flama y unas lágrimas de cólera congeladas en el tiempo, esto era lo que quedaba de aquel ilustre hombre que fuese alguna vez Don Longevo, de aquel ilustre joven que demostrara en su tiempo no sólo ser atlético y brillante en las materias del colegio, sino entusiasta, romántico y apuesto. De este hombre que fuese alguna vez sólo quedaba el recuerdo, una imagen en un fólder, un documento en un archivero, sólo eso, el pasado era el pasado, nadie podía volver a aquel tiempo ya, era un tiempo que no volvería a pasearse por los corredores de aquella casa perdida en el centro de la ciudad, que no volvería a ver morir a sus seres queridos, que no volvería a llorar por aquella primera ingrata, que no volvería a implorar por aquellos sueños que parecían distantes, que no volvería a cursar por la escuela, que no volvería a ver a su esposa huir con el amante, que no volvería a recordar, era un tiempo que no volvería a decirse presente, aunque el presente sea algo que siempre culmina en pasado.

-Pasado, al mismo tiempo que la vida, te alejas de mí cada segundo, me haces cada vez más a un lado, me muestras que el presente es fruto de ti, que no estaría aquí si no hubiera habido un tú… pero qué eres tú si no puedo verte, sentirte, escucharte… ¿por qué, si eres tan importante, te alejas de este viejo que yace aquí sentado frente a una chimenea que poco a poco se extingue igual que el tiempo de la vida?… o, ¿será acaso que la vida no se extingue como es mi caso?… ¿por qué me dejas vivir?….¿será porque eres pasado y sólo eso?- Don Miguel seguía ahí sentado, cavilando de la vida, frente a esa chimenea que lo había visto crecer durante tantos años, pero pocos para los que el Don llevaba en el mundo de los vivos, ahí seguía, llorando los recuerdos perdidos, cuál avaro que pierde la joya más preciada de su vida, ahí seguía, lamentando los errores de su vida, cual drogadicto rehabilitado recordando su adicta historia, ahí seguía, solamente recordando.

-…Todo lo que tiene un inicio debe de tener fin, todo lo que vive muere, la flama encendida al poco rato se extingue, la brillante mañana de alegría incandescente se extingue con el frío de la desolada y oscura noche… ¿cuándo llegará el fin de mi historia?- Don Longevo se levantó precipitadamente, como si hubiese recordado algo importante, pero al poco rato se sentó de nuevo en aquella misma silla frente a aquella misma chimenea, sólo que ahora una idea más le rondaba en la cabeza, -no he comido… ni he bebido… - sujetaba su barbilla cual científico en pleno descubrimiento, -llevo días sin tomar trago alguno, sin probar bocado alguno y sigo aquí… llevo días lamentando, llevo días sin consuelo y sigo aquí… ¿será que mi deber no es el morir?-. Se levantó de su asiento, el cuerpo no le pesaba, el frío del crudo invierno que se vivía no le hacía efecto alguno, sus pantuflas yacían lejos de sus pies aunque éste, con una excelsa demostración de juventud corporal, se las colocó velozmente y sin problemas. Encaminóse pues hacia su habitación, el fuego de la chimenea misteriosamente ardía aún con la ausencia del leño que solía alimentarlo constantemente desde hacía ya varias lunas, Don Longevo iba sin prisa en esa misma dirección, a cada paso que daba una idea mas le alcanzaba el pensamiento, cada idea nueva era un descubrimiento y cada tropiezo de sus nada torpes pies significaba un error más en sus teorías, - uno… dos…uno…dos…uno…dos, los segundos siguen avanzando… los sueños los sigo extrañando… las lágrimas aún no se secan… uno…dos…uno…dos…el reloj no se detiene, mis pies continúan su andar, el tiempo es un tempo eterno, nunca empezó y nunca terminará… uno…dos… los sueños se alejan…los pasos de mi largo camino han dejado huellas que se borrarán cuando ya no ande más…uno…dos…sin comer…sin beber…aferrándome a la vida, aferrándome al oxígeno impuro de esta inútil vida…uno…dos…el reloj sigue ahí, la chimenea sigue encendida, el pasado sigue siendo pasado, el presente se convierte en pasado cada vez que el señor reloj avanza en su segundero…uno …dos…uno…sigo vivo… no recordaba que el camino a mi cuarto fuese ya tan largo…no recordaba, pero ahora que recuerdo, no quiero recordar…¿qué es un recuerdo?… ¡déjame en paz pasado!…- agitaba las manos al aire conforme guiaba sus pasos a aquel pequeño cuarto donde un aún más pequeño baúl lo esperaba cobijado por el viento frío del helado invierno -…¿dónde queda mi presente?…seré pasado cuando el presente ya haya pasado, entonces, ¿cuál es el ahora?…¡oh! ahí estás pequeño mío…-tomó el baúl entre sus brazos, lo acaricio cual pirata a un tesoro milenario, lo limpió tiernamente como madre a su primer infante, lo transportó cautelosamente a la silla que se encontraba colocada frente a la chimenea que aún conservaba aquella flama, la cual aún no se había percatado que el leño era ya inexistente.

Sentado frente a aquella chimenea, con aquella flama, con aquel reloj frente a su mirda; sentado, con los muslos decorados con un pequeño baúl de madera, los ojos acurrucándose en un mar de lágrimas, los sueños de un pasado opacándose ante los sueños de un futuro; ahí estaba Don Longevo, acariciando su baúl, contemplando a la flama inmóvil, sentado como si esperara que alguien empezara un diálogo, - uno…dos… uno…dos…solos…tú y yo…solos…el tiempo y el viento…la vida, la muerte…los sueños, las desilusiones…solos tú y yo cofre mío, baúl de los recuerdos, baúl que alguna vez llené con tanto recuerdo, ahora… ¡termíname!…¡termíname pasado!, acaba de una vez con lo que empezaste…acaba de una vez por todas con este viejo, con este Don Miguel Longevo, con esta creación del pasado, muéstrame que no existe un futuro, al menos no para este viejo…- abriendo lentamente el cofre, cómo aquel que espera encontrarse un secreto antiguo, Don Longevo se llenaba de una ansia vacía, él ya sabía que encontraría, pero de igual manera tomó su tiempo, la flama comenzaba a moverse nuevamente, el baúl había sido abierto, dentro, sólo había tres curiosos objetos, un frasco lleno de un polvo blanco, una pistola con municiones y una carta que aún permanecía sellada.

-¡Al fin!, ¡el tiempo por fin dejará de hacérseme eterno!…¡por fin me he asegurado un final!…aunque no recuerdo en lo absoluto el principio de mi historia…dime tiempo…dime presente, ¡no!, dime pasado… ¿cuándo?… ¿Cuándo comenzó?…¿por qué no recuerdo mi comienzo?…¿por qué sólo pienso en terminar si ni siquiera sé como empecé?…supongo que eso ya no es relevante…no…si lo es…¿o no?…- Don Miguel contemplaba sus manos, como si hubiese descubierto en ellas una mancha que al poco rato se extendería por sus brazos, el reloj se aventuraba a susurrar un tic seguido de un tac, las ideas divagaban y se mezclaban como si todo lo que sabía hasta entonces hubiese sido introducido en una licuadora y se hubiese oprimido vacilantemente el botón de encendido, Don Longevo no podía pensar, no podía pero seguía pensando, no entendía lo que el descubrimiento le había hecho, pero igual seguía ahí, sentado, frente a esa chimenea que parecía mofarse de el con ese fuego imposible que se encendía de la nada, la licuadora se detuvo al fin, -…da igual…el pasado es el pasado…lo único es el presente y vivir un futuro, pero, ¿dónde está el futuro?…llevo años viviendo sin encontrarlo, ¿será que no existe un futuro tal cual?…da igual, ahora ya todo da igual, nada es relevante, nada importa ya, mi fin ha de venir pronto…si, mi fin…ya no existe nada más después del fin… nada…- tomó en sus manos el frasco que contenía el polvo blanco, leyó la etiqueta que le había colocado, sabía que el consumirlo terminaría lo que alguna vez fue iniciado, así lo hizo, colocándolo en sus labios e ingiriendo todo el contenido, una larga carcajada de júbilo siguió a este acto de suicidio desesperado.

El reloj que yacía en la pared entonaba alegremente aquel tono que lo caracterizaba, “tic…tac”, Don Longevo contemplaba el pasar de los segundos, el pasar de los minutos, el pasar de las horas, seguía contemplando, nada le había hecho nada, el seguía sentado en su silla frente a la chimenea que conservaba a aquel invitado incandescente que yacía ahí desde el inicio de la espera del pobre hombre, -…tic…tac…tic…tac…el tiempo sigue y sigue…tic…tac…yo aquí sigo y sigo… nada…aquí pasa nada… la muerte inminente no se presenta… veneno maldito que no cumples tú labor… mataste a mi madre, mataste a mi hermano, mataste a mi padre, pero, ¿qué hay con este pobre Don Longevo?, nada…no hay muerte…sólo más tiempo…-la desilusión no interrumpió el aire tranquilo que respiraba el viejo, tomó el frasco, lo cerró cuidadosamente, como si esperara utilizarlo en un futuro, y luego lo arrojó al fuego, quien lo devoró sin remordimiento.

-¿Dónde estás fin?… ¿por qué te me escondes?… que mas da si el veneno no hizo su tan codiciada labor, su tan temida labor…no es el único que puede calmar mis ansias por acabar, mis ansias por decirme que ya no habrá más…ven conmigo segundo tesoro, sal de este pequeño cofre, sal, no seas tímido, con tu tan puro y elegante color mortal deberías cumplir con la profecía, todo lo que empieza, tarde o temprano habrá de terminar-, Don Miguel tomó aquella pequeña arma, la cargó, se aseguró de que sirviera apuntando a un florero, el cual en un estruendoso crujido se despidió de la vida, todo parecía listo ya, el fin era inminente, el presente no existiría mas para nuestro querido viejo, pertenecería a aquel mundo al que pertenecemos todos, pertenecería al pasado, -…sólo un clic…sólo necesito jalar de ti, ¡oh benévolo gatillo!, sólo necesito apuntarme y podré finalmente ser un ser feliz-, apuntando a su cabeza y cerrando los ojos para poder así evitarse la molestia de contemplar el mundo y al tiempo dejar de existir, inhaló profundamente y tiró del gatillo, un estrambótico sonido apabulló al frío, al reloj, a la flama, a la silla y a ese pequeño baúl, pero no a ese hombre que seguía sentado en aquella silla, no a ese hombre que mantenía los ojos cerrados, no a ese hombre que seguía teniendo ciento tres años, La munición había pasado por un lado de la cabeza y había alcanzado a golpear uno de los vidrios, la flama que yacía en la chimenea entró en pánico, el helado viento inundó la casa de Don Longevo, él no hizo ni un movimiento hasta que no se hubo convencido que seguía en el presente momentáneo, en aquel presente del que tanto quería escapar.

-¡¿Por qué no puede un hombre morir y ser feliz?!…¡¿por qué me insistes tanto tiempo en mantenerme vivo?!… ¡¿qué precio tengo yo?!…¿o será…?- el viento golpeaba fuertemente el interior de la habitación, el helado soplar atormentaba a aquella débil flama, pero el miedo no la removía de aquel lugar en el que ella continuaba, el miedo no la removía de aquella chimenea que seguía sosteniendo en sí a aquel reloj que continuaba entonando aquella canción que llegaba a los oídos de aquel hombre que seguía sentado en aquella silla, no hubo más remedio que arrojar el arma al suelo. Harto y con los ojos ahogados en gotas de tristeza, Don Longevo tomó aquel último elemento del baúl, aquella carta cerrada, -Cruel mi destino al no poder partir, pero más cruel al descubrir que lo único que queda sin conocer es el contenido de este papel, de este inútil papel, de este… ¿papel?, si mi memoria no me falla y el pasado que conservo en mi pensar no es algo que se haya planteado mal, el contenido es algo que guarde para leer el día en el que llegara el final, pero entonces no debo leerlo ya que jamás llegará mi final, jamás tendré un último momento, ya que “el último momento” que vivo es el momento en el que el presente se hace pasado…sólo puedo…sólo me queda leer este estúpido papel…sólo eso me queda…¡claro, ríete de mi tiempo!…¡ríete!…pero pronto dejaremos de pelear, porque tú aquí te quedaras, fluyendo como el sonido de ese estúpido reloj, mientras que yo ya no tendré que caminar y por fin podré descansar- una sonrisa llena de malicia decoró su arrugado rostro, tomó la carta entre sus manos, abrió el sobre y comenzó a leer el contenido de la misma, el viento dejó de soplar, la flama cedió ante la fuerza del gélido frío, el reloj paró en seco su serenata de “tics” y de “tacs”, los ojos de Don Longevo se ahogaron por el extenso lagrimar, hasta que pronto no podían más llorar, tomando como última alternativa sangre derramar, las manos de Don Miguel flaquearon, la carta rodó en el suelo, la carta leía:

Miguel:

Jamás tuve un amante, pero sólo así pude lograr que no te preocuparas por mi, tengo cáncer cerebral y el tratamiento es muy costoso… no creo sobrevivir, perdóname por mentirte. Te amo

El cuerpo inmóvil del viejo seguía sobre aquella silla, frente a aquella chimenea que seguía colgando a aquel reloj que ahora se encontraba mudo.

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