July 2009
Monthly Archive
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poetasangriento 27 Jul 2009 | : Cuento
I
Sofía, joven de largos cabellos color madera que reposan en sus hombros, ojos claros cual vidrio tallado y dueña de un unos labios que se deslizan sutilmente de vez en vez; es una estudiante de preparatoria sumamente ordinaria. Su madre y padre son recuerdo de un retrato que ilustra a lo que fueran alguna vez aquellas sombras que viajan por negocios; su hermano, que es mayor, está todo el día trabajando, por lo que la mayor parte del tiempo disfruta de una inexistente compañía. Aún así, ella es feliz. En el colegio, al cual asiste de lunes a viernes, los chicos la buscan, las jovencitas le envidian, y los profesores y maestras la estiman; es todo un prodigio del trabajo, a pesar de que cada viernes se va de juerga y, como papá y mamá son adinerados, su retorno resulta sencillo pues un chofer va por ella en cuanto lo pide.
En poco tiempo se celebrará el decimoctavo cumpleaños de Sofía y, como no tiene deberes pendientes, no hay nada que le impida realizar una fiesta este sábado y, ya que hoy es miércoles, sólo quedan unos pocos días para que llegue el tan esperado evento. La planeación le hace prisionera durante horas, sin embargo eso no lastima la felicidad que la misma le crea, es más, tal es su entusiasmo con respecto a dicha fecha que ni siquiera los insistentes ruegos de Pedro parecen causarle molestia alguna.
Pedro es de corta estatura, rara vez es capaz de encontrar un pupitre en el que, sentado correctamente, sus pies y el suelo tengan un contacto completo; lo que más recuerda la gente del aspecto de Pedro son sus ojos oscuros cual noche y su cabello, el cual imita con su silueta a las púas extendidas de un erizo. Su madre es gentil aunque constantemente padre la golpea; ese es un tema que al muchacho no le gusta profundizar. Su hermana, Tania, es pequeña, carga en su mirar únicamente diez años y ya sueña con beber alcohol, fumar y compartir con varones una noche; no se lleva con el estudio y culpa de todos sus problemas a su padre, ya que se ausenta, bebe, fuma, goza de mujeres ajenas y desquita su ira laboral con madre frente a ellos. Pedro y Tania son muy cercanos, pero la pequeña comienza a creer que su hermano no sirve de ejemplo, ya que en la escuela nadie le habla -a excepción de una u otra persona que requiera de su ayuda- y aunque él insiste que es debido a que le respetan, su llanto nocturno canta su tormento diurno.
Es triste recordar lo que aconteció hace un mes, Pedro compró unas rosas y claveles, y, perfumado y con chocolates en mano, se declaró a Sofía (por quinta vez). Aquel día Pedro soportó las burlas de todos los amigos de la joven –que cabe mencionar son demasiados- y a pesar del enorme esfuerzo que hizo por no flaquear ante los puñetazos verbales, lo destruyó escuchar la respuesta de la dama que robaba sus pensamientos en la noche: “no”. Aquel día, Sofía lo buscó a la salida para agradecer los obsequios e invitarle a tomar una taza de buen café. No lo encontró. Trato de trabar conversación con él días después, pero eso no hizo diferencia alguna, por lo que con el pasar del tiempo y de diversos intentos, Sofía olvidó el gesto amable de Pedro y continuó con su vida.
En fin, Sofía ha estado planeando con sus amigos el desarrollo de la fiesta del sábado durante clases y descansos; será en casa de la festejada e involucrará cena y piscina. Manuel –quien fuera amigo de Sofía desde la infancia- se encargará de llevar el equipo de sonido, mientras que Angélica y Mario –quienes fueran nominados para mejor pareja el año pasado- comprarán las bebidas. Días enteros le ha llevado a Sofía buscar el vestido perfecto para el evento y, aunque ha pasado de tienda en tienda, no ha logrado encontrar alguno que le agrade lo suficiente, por lo que ha quedado de ir hoy con Estela a una tienda en la que supuestamente encontrará la prenda correcta.
Pedro intentó acercarse a ambas chicas mientras planeaban su salida de esta tarde, pero todo resultó un enorme fracaso, por lo que se le ha visto sentado en su banca esperando a que la chicharra le permita ser libre de su prisión de amor y que, a su vez, puede dirigirse al cine más cercano con el único fin de distraer su mente de la belleza absoluta –para él, claro- y buscar inspiración en el ocio, ya que la tarea que carga para el día es nula. El tictac del reloj consume su esperanza al mismo tiempo que en su rostro se dibuja una sombra que le recuerda una realidad, “esta solo y ella no lo quiere”.
Las últimas clases transcurrieron lentamente y, cuando por fin llegó la hora, Tomó del brazo a Estela y la apresuró para que no hubiese demasiada gente en la tienda cuando llegaran. Al llegar quedó impresionada por la variedad de vestidos que ahí había, por lo que se encaminó a la primera sección del establecimiento y comenzó a seleccionar vestidos, a la vez que Estela le da más vestidos a probar. El gerente se limita a observar la escena con una sonrisa en su boca. Sofía sale de uno de los vestidores con un vestido que lleva la espalda completamente descubierta, un escote bastante pronunciado y el largo del mismo le acaricia con esfuerzo las rodillas. Con un gesto alegre mueve lentamente sus brazos por todos los rincones del vestido mientras se observa en el espejo, mientras Estela hace gestos de aprobación que confirman la compra de tan bello diseño.
II
El tan esperado sábado ha llegado y aunque el evento es en la noche, Sofía se levantó temprano con el fin de que todo transcurra sin errores. Sofía se dirigió a la estética, de ahí pasará al restaurante y aunque Padre y Madre siguen de viaje, es su hermano quien come con ella en el lugar elegido por la joven. Javier –el hermano de Sofía- le ha regalado un perfume y un libro que tiene por nombre “Spring’s Awakening”, los cuales aceptó con una sonrisa, un abrazo y un enorme trago entusiasta a la limonada que hacia unos instantes una mesera había colocada en frente suyo.
Pedro está en casa mientras Sofía come. Ayer, cuando Estela y Sofía enviaron las invitaciones, la amiga de la festejada decidió, por cuenta propia, invitar al joven Pedro, quien tras encontrar sospechosa la invitación titubeó al respecto. Cabe mencionar que Estela siempre ha sido buena con él, cuando le pidió a Sofía que fuese su novia –su primer intento- fue ella quien le ayudó, no importando que su hermano mayor le hiciera la proposición a Sofía poco antes que Pedro. Sebastián –hermano de Estela- no logró convencer a la ahora festejada. Pedro vacilaba mientras estos recuerdos viajaban por su mente hasta que por fin suspiró: “iré”.
Las ocho se anuncian con un timbre monofónico proveniente del reloj de pulsera de Sofía, -por fin ha llegado la hora, ojala no tarden demasiado… ¡Ay Jorge, no tardes!- canta mientras termina de arreglarse frente al espejo de su baño. A su vez, Pedro se está terminando de vestir, todos sus ahorros se transformaron en un par de pendientes que compró en el momento mismo que recibió la invitación de Estela a la fiesta de Sofía. Lentamente abrocha su pantalón, asegura el broche y se agacha con el fin de colocarse el calzado, lo cual logra en un par de movimientos. Ya no quedan más prendas que ponerse, por lo que se dirige al baño con el propósito de peinarse, colocando un poco de gel en su cabello, el cual está húmedo por el baño previo. Una vez listo, colocó el regalo bajo su brazo y sujetó la maleta pequeña- que contenía su traje de baño y toallas- con el otro.
Los invitados llegan poco a poco, Armando, Lucía, Graciela, Estela y Jorge han sido los primeros en llegar, así como los amigos inseparables de éste último, Gustavo e Ismael. Sofía sonríe al ver que las cosas salen como fueron planeadas, a pesar de que aún faltan algunos invitados y que la cena aún no se sirve. Pedro entró triunfante por la puerta principal con regalo en mano y Sofía, al darse cuenta, corre hacia él y le recibe con una esbelta sonrisa, -¡qué bien que vinieras- le dijo la jovencita, acentuando con sus palabras el brillo celestial de sus labios. -¿en….serio?-, -sí, Estela me dijo que vendrías… por cierto, quería agradecerte por los gestos lindos que has tenido conmigo… oye, tengo que ir a recibir a más gente, toma asiento… espero te lo pases bien…-, -lo haré… gracias-.
Después de lo que a muchos pareció una eternidad, la cena fue servida a los presentes, a lo que Pedro responde devorando cada platillo que le es servido y bebiendo y riendo como si no hubiera un mañana. “Ahora sí… de seguro me hará su novio… ahora sí…” se decía a sí mismo mientras buscaba el baño. El agua moja las manos de Pedro, cuando en un instante un pensamiento le hace alejar las manos del chorro descendente y aproximar la misma hacia su entrepierna, donde comienza a frotar, “… en la parte de arriba hay una zona que es muy solitaria… quizá ahí….cuando ella ya sea mi novia… pasemos de los besos…sí… ya no puedo esperar más…”
Cuando Pedro regresó al lugar donde se estaba llevando a cabo la cena, se percató de que Estela y Sofía ya no se encontraban ahí, por lo que infirió que se habían retirado con la intención de ir a la piscina, idea que se vio confirmada por el sonido de agua siendo arrojada desde el interior de la alberca y unas risas que solo podían pertenecerles a ellas. Pedro se levanta de su asiento sin ademanes muy llamativos y decide echar un vistazo, lo cual lo lleva a observar una escena que lo deja perplejo: la festejada, ya bajo los efectos del alcohol, juega con Jorge, quien no realiza pausa alguna entre caricia y caricia; Estela se encuentra platicando con otras personas, lo que le permite a Sofía disfrutar del momento sin interrupciones. Tras la escena, Pedro busca su maleta y se dirige a los vestidores, donde velozmente se desviste. Acto seguido, apresura el paso hacia la piscina, donde encuentra la fiesta pero no a Sofía.
Los labios se abrazan con ternura mientras las lenguas se visten de exploradoras y se aventuran en la cueva que ellas más ansiaban indagar. Él, mano derecha en la cintura de la joven y la izquierda en el glúteo derecho de la misma; ella, brazos rodeando el cuello del muchacho; ambos, perdidos entre las sombras de los cuartos que se encuentran en el piso superior del lugar. Nadie había notado su desaparición de la fiesta ni su presencia en aquel remoto lugar, salvo Pedro, quien tras casi veinte minutos de búsqueda se ha topado con los dos amantes y, a causa del shock, se encuentra paralizado y con los ojos diluidos en agua salada. Del pecho de Pedro no sale ni un sonido.
La música evita que los dos jóvenes se alerten de la presencia del ahora intruso, lo que permite que la mano derecha de Jorge escale lentamente hacia la parte frontal de la sección superior del bañador; a su vez, la mano izquierda se aventura aún más en aquella zona que aparenta pertenecer a un territorio explorado con anterioridad. Pedro está inmóvil, para él la música de fondo se ha desvanecido y no escucha ni siente nada, salvo el golpeteo pausado de un martillo que se precipita contra su pecho.
III
Han pasado aproximadamente dos minutos que a Pedro le han parecido eternos, su pie lleva temblando alrededor de un minuto y se dispone a desplazarse con el fin de abandonar, de una vez por todas, el lugar donde se encuentra y poder dirigirse a algún otro sitio donde no se vea atormentado por aquella imagen. Comienza a correr sin rumbo fijo, como si la escena presenciada le persiguiera a donde quiera que vaya. Cuando al fin se detienen sus pies, descubre, al abrir sus ojos, que se encuentra en la cocina de la casa, donde, para su sorpresa, también se encuentra Estela. Ella se encontraba buscando provisiones para la fiesta cuando Pedro entró corriendo, y ya que éste se encuentra agitado ella no duda en proveerle de una cerveza y aproximarle una silla. Pedro observa a Estela y se da cuenta de que el bañador de la joven no está bien colocado, lo que provoca que se olvide, ligeramente, de lo que acaba de observar. – ¿Qué tienes?, –Nada… no es nada… oye… Estela… creo que tu traje está un poco…-, -¿No te gusta?-, -no, no es eso, se te ve muy bien, pero… no crees que deberías… ¿no tienes frío?-, -Un poco, ¿por qué?…-, -no sé… no quieres otra cerveza, a lo mejor así entras en calor… y quizá podrías quitarte el traje ya que como está mojado te da más frío…”, “sabes… no es tan mala idea…”. Pedro se dirige al refrigerador mientras Estela se sienta en una de las sillas que encuentra en su camino. Estela, ya sentada, espera a que Pedro le haga entrega de la cerveza, misma que llega en forma de un abrazo inesperado, “¡oye!… no hagas eso… no… nos van a ver”, suspira ella mientras el joven imita a la pareja que viera hacia unos instantes.
El traje de baño de Estela se encuentra en el suelo, mientras el cuerpo se está en posesión de Pedro, un Pedro que no aparta de su mente la imagen de Sofía y de sus manos los senos de la joven que hacía poco le había ofrecido un asiento. La escena no parece interrumpirse y la joven ha dejado de forcejear, sin embargo, el alcohol a dejado indefensa e inútil a la joven, por lo cual Pedro la abandona en la cocina y se coloca una vez más su bañador, decidido a culminar con el plan que ha desarrollado mientras se encontraba con Estela. Se dirige sereno a una gaveta de la cual extrae un cuchillo para carne, el cual envuelve en el traje de Estela, quien no se percata aún de su estado actual.
Pedro abandona el lugar y se dirige a aquella zona donde viera a los dos amantes, mismos que no han abandonado el sitio y que ahora presentan tantas prendas como Estela en la cocina. Jorge succiona hasta la última gota de pasión que libera Sofía mientras Pedro les observa desde aquel mismo muro en el cual se quedó petrificado, sin embargo, ahora comienza a avanzar en dirección a aquellos que, sordos, dan luz verde a su sexualidad. Un pie invita al siguiente a adelantarse, cada sórdido gemido que emite la pareja empata su sonido con el eco producido por los pies de Pedro, quien ha extraído el cuchillo del traje de Estela. El pecho del joven no emite sonido alguno mientras se aproxima a la pareja, la cual no se ha percatado aún de la presencia del mismo, “Hola Sofía…”, la joven abre sus ojos y observa a Pedro frente a ella, “Adiós Jorge”.
IV
En poco tiempo se celebrara el decimonoveno cumpleaños de Sofía, la psicóloga que ve dos veces a la semana la alienta a realizar una fiesta, sin embargo la joven se rehúsa a la idea “ya que debería buscar quien cuide de mi hijo y… quedé con Estela en visitar a Jorge”.
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