Como ciudadanos es indignante ver a cierto tipo de políticos hablando sobre la privatización y defensa del petróleo cuando sus propias estructuras de soporte electoral han sido conformadas históricamente por personas que lucran de los bienes comunes. Me refiero a la privatización de los espacios públicos utilizados por las verdaderas minorías rapaces que lucran con lo que le pertenece a la sociedad sin ningún respeto y responsabilidad desgastando el nivel de vida y expectativas de los ciudadanos.

• Ambulantes: La calle es de todos y tenemos el derecho de pasear libremente con seguridad y limpieza. En esta ciudad existe nulo respeto por este derecho básico permitiendo que grupos de ambulantes tomen cualquier espacio público para hacerlo suyo y lucrar para su beneficio individual. Sin pagar impuestos, vendiendo mercancía pirata y de contrabando estas personas ensucian e impiden el tráfico de personas y vehículos. Al ir al metro uno ya no sabe si se encuentra en la estación o si acaba de llegar a un tianguis. El gobierno de la capital debe de dar un alto a los puestos de la calle, la solución no es “reubicarlos” o “esconder el problema”. La ciudad debe ofrecer alternativas de trabajo organizadas que apoyen al desarrollo de la sociedad y liberen las calles para los capitalinos.

• Vagoneros: Ruido, piratería y corrupción. Las autoridades hacen como que no ven este problema tan evidente y con el cual están permitiendo que lucren en un espacio público para el beneficio no del pueblo, sino de las mafias que manejan a los vendedores.

• Viene viene y franeleros: Es deprimente que al momento de estacionarnos en la vía pública, los capitalinos estemos acostumbrados a pagar a una persona que se apodero de ese espacio simplemente por pararse ahí. Y si uno no se mocha para el chesco: rayón o cristalazo seguro en el mejor de los casos.

• Transporte público: Público significa “perteneciente a todo el pueblo”. Sin embargo el transporte se sigue concentrando en microbuses que manejan este servicio con un enfoque personal. Unidades inseguras, sucias, ruidosas, tuneadas al capricho del conductor y sin respeto por transeúntes, conductores y pasajeros. Accidentes, asalto y acoso. Los microbuseros se creen “dueños” de las rutas, cuando están son propiedad de los ciudadanos. ¿Qué no meremos un servicio de calidad, eficiencia y respetuoso?

Un común denominador de estas mafias es la existente derrama económica por concepto de mordida y extorsión que va desde el “dueño” del espacio o líder, pasando por policías y autoridades llegando hasta partidos y organizaciones políticas. Todos hemos visto como el del micro le da sus dos pesos al policía del paradero para que lo deje quedarse mal estacionado, como les pasan lista a los vagoneros y como llegan con cinta métrica a medir el puesto del vendedor de discos piratas.

Los partidos que defienden a estas mafias se escudan en la “defensa del pueblo” cuando en verdad están defendiendo su propio poder y apoyo. ¿En verdad queremos una sociedad cuya economía se base en la economía informal, baja calidad del servicio y la transa?

El gobierno de la capital debe buscar la forma de eliminar estos problemas empezando con generar las fuentes de empleo que la ciudad requiere. Empleos de calidad, con crecimiento a futuro, con seguro y plan de pensión. Que paguen impuestos para permitir el desarrollo del país. Que aquellos que sean emprendedores lo hagan en negocios que tengan un impacto positivo en la ciudad, generen empleos y den mayor valor a la colonia en donde se instalan.

Le segundo es terminar por completo con estas practicas ya que no generan ganancias para la sociedad, sino una cadena de corrupción que se filtra entre los cuerpos del gobierno de la ciudad de le esperanza.

Dejemos de ser un país changarrero como algún día lo soñó Vicente Fox y construyamos a través del comercio formal y la producción de bienes y servicios una economía solida que nos permita enfrentar un mundo cada vez más competitivo en donde la información y la tecnología son los bienes más valiosos.

El reto es grande. Por que al final de esta cadena se encuentran personas que han encontrado en esta forma de vida la subsidencia de su familia y luchan todos los días por sacarla adelante. Se encuentra las personas de “verdad”, que se enfrentan a una ciudad que los extorsiona, desprecia, manipula y utiliza con fines electorales. Es un problema enviciado con raíces profundas lo cual requiere de una solución creativa, integral, a largo plazo e incluyente.

Como ciudadanos exijamos la liberación de los espacios públicos y que el gobierno local sea capaz de generar las oportunidades que permitan crear negocios y empleos formales, integrales y que generen valor no solo a la sociedad, sino a los individuos.

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