Hace ya algunos meses una discusión en el poder legislativo causo cierta sorpresa en muchos ciudadanos. La propuesta es la de crear la Agencia Espacial Mexicana. Lo que yo siempre me pregunte era en donde estaban las raíces de nuestra tradición espacial como para pensar en crear una agencia dedicada a su exploración.

Para mi sorpresa, hace poco tiempo me hicieron llegar un boletín del Insitito Mexicano del Petróleo, distribuido en la página Web de la Sociedad Mexicana de Física en donde relatan la historia de los pioneros en la cosmonáutica mexicana.

Una historia que me parece inconclusa y que nos muestra como algunas grandes ideas puede quedar varada por la indeferencia de los gobernantes y de nosotros mismos.

Aquí reproduzco la historia (levemente editada), al final la liga a la fuente original.

Más allá de las nubes

Candelario Pérez Rosales

slp1.jpgA mediados de 1957 detalles sobre la construcción de cohetes llegaron a las manos del grupo de física de San Luís Potosí. El director de la Escuela de Física Gustavo del Castillo pensó que la puesta en marcha de un programa para el diseño y construcción de cohetes ayudaría a estimular el gusto por la física experimental entre los alumnos. Dando inició a un modesto proyecto para el desarrollo de cohetes que pudieran llegar más allá de las nubes.

Durante el mes de noviembre en un campo de golf situado a catorce kilómetros al noroeste de San Luís, se hizo el primer intento de elevar un cohete de combustible sólido, pero el artefacto exploto en la torre de lanzamiento, sin que se elevara un solo centímetro. Esa misma mañana, se hicieron otros dos intentos con resultados desastrosos.

Las instalaciones eran modestas. Una estructura metálica de cuatro metros de altura servía de torre de lanzamiento. Para estar a salvo de posibles explosiones a treinta metros de la torre se había excavado un amplio refugio, en forma de trinchera rectangular que estaba cubierto por gruesos tablones de madera. Allí se estableció un rudimentario centro de control y observación.

Un mes después de los fracasos iniciales, el 28 de diciembre de 1957, tuvo lugar el primer lanzamiento exitoso. Ese día, un cohete de 8 kilogramos de peso y 1.70 metros de longitud se elevo hasta una altura de 2,500 metros, ante la euforia desbordante de maestros y alumnos. La pequeña maravilla había desarrollado un empuje de cien kilogramos. Por primera vez en México se lanzaba un cohete con fines científicos.

 

Con este experimento se inició un programa que no tenía grandes pretensiones:

 

* Satisfacer la “curiosidad científica” de construir objetos que pudieran elevarse más allá de todo precedente
* Aprovechar los artefactos para provocar la lluvia, mediante la detonación de cargas explosivas en el seno de las nubes.
* Estimular el desarrollo de instrumentación en miniatura y dispositivos de telecontrol.

 


El programa nunca llego a cumplirse, quedo truncado a la mitad del camino.

Cuatro mese después del primer vuelo exitoso, se llevo a cabo el segundo lanzamiento con algunos avances importantes en el diseño del cohete: Se había incorporado un paracaídas y un ingenioso dispositivo electromecánico para desplegar el paracaídas cuando el cohete iniciara el descenso después de haber alcanzado su altura máxima. Este dispositivo era accionado por una explosión controlada por un interruptor gravitacional.

La prueba fue una de las experiencias más estimulantes de los primeros tiempos de la cohetería en San Luís Potosí. El cohete inició su ascenso a una velocidad zumbante y se perdió de vista casi de inmediato. Luego repentinamente, en las profundidades del cenit apareció una tenue nubecilla blanca. Eran los residuos de la explosión que acababa de liberar al paracaídas a 2,000 metros de altura. Unos minutos después, el cohete se hacía visible de nuevo. Se bamboleaba suspendido del paracaídas en su lento vuelo de descenso a tierra. Con este experimento, el potencial de cohetes se ampliaba considerablemente: se abría así la posibilidad de utilizar esos artefactos como sondas recuperables para la detección, a grandes alturas, de radiaciones extraterrestres.

La experimentación con cohetes no fue una actividad continua. El período inicial, dominado por el entusiasmo de Gustavo del Castillo, duro tan solo un año. Luego vino una larga etapa de decaimiento que se extendió por cuatro años. Pero a principios de 1963 surgió un movimiento renacentista que produjo la serie de cohetes bautizados como Zeus. Esta época, que fue impulsada por el empuje de Juan F. Cárdenas, profesor y exalumno de la Escuela de Física, inició el 3 de abril de 1963, con el lanzamiento del cohete Zeus 1 de una etapa, y culmino en mayo de 1967, con el lanzamiento de un cohete de dos etapas que alcanzó una altura de 10 kilómetros.

Por el tiempo en que el grupo potosino hacia sus primeros intentos de elevar un cohete en sus instalaciones del campo de golf, en la ciudad de México un grupo coordinado por Walter C. Buchanan, entonces Secretario de comunicaciones y Transportes, se reunía semanalmente en un restaurante de la colonia Narvarte para discutir la posibilidad de construir cohetes impulsados por combustible líquido. La primera reunión tuvo lugar el lunes 25 de noviembre de 1957.

El laborioso trabajo de construcción del primer cohete se llevo a cabo de mayo de 1958 a julio de 1959 en un modesto taller de la colonia Portales. El cohete tenía una longitud de 4.50 metros, un diámetro de 40 centímetros y un peso total de 200 kilogramos incluido el combustible.

El cohete fue bautizado como SCT-1 lanzado en las afueras de la Hacienda La Begona, en el estado de Guanajuato, el 24 de octubre de 1959 alcanzando una altura de 4,000 metros.

Un año después, el 1 de octubre de 1960, se lanzó el cohete SCT-2, que incorporaba algunas mejoras técnicas, entre ellas el uso de aletas superiores, además de las inferiores, para darle mayor estabilidad de vuelo. Se dice que subió 25 kilómetros.

Cuando se inició la década de los sesenta, había euforia coheteril en algunos puntos del país. Para canalizar, coordinar y estimular las actividades espaciales, el 31 de agosto de 1962 se creo, por decreto del presidente López Mateos, la Comisión Nacional del Espacio Exterior (CNEE). El grupo que se había formado dentro de la Secretaria de Comunicaciones y Transportes fue absorbido por la CNEE.

Después de su incorporación a la CNEE en 1962, el grupo de coheteria lanzó un primer cohete de combustible solido, Tototl, que alcanzó una altura de 22 km. subsecuentemente, se experimento con el cohete Mitl, que tenia una capacidad de carga util de 8kg. El primero de esta serie (Mitl I-op) fue lanzado en 1967 y alcanzó 50km de altura; después, el Mitl II, lanzado en 1975, alcanzó 120 km. Estas pruebas se efectuaban desde un camión-rampa en Cuahiniquilpan, Guerrero. En los años setenta se inició también la construcción de una base de lanzamiento en la misma localidad.

La idea de la construcción de una base de lanzamiento no era nueva. En 1963 el grupo potosino hizo un viaje exploratorio a los desiertos que rodean el norte del estado de San Luís Potosí como posibles lugares para las instalaciones de un centro nacional para el lanzamiento de cohetes. Ese era el lugar ideal para una base de lanzamiento. Pero la idea de que algún día ese páramo inhóspito pudiera convertirse en un pujante centro de actividades espaciales parecía una carga demasiado pesada. Una ilusión inalcanzable.

Así fue. La ilusión se desvaneció en una implosión silenciosa, como el colapso de una burbuja sobrepresionada.

http://www.smf.mx/boletin/Jul-95/nubes.html

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